El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Opinión

Un Estado democrático deficiente

Por Rosa Liliana Cubas

En la actualidad la llamada democracia sigue siendo el mismo reflejo de la era dictatorial o del totalitarismo a lo paraguayo. No cambia la ideología tradicionalista y se mangonea la Constitución Nacional que se dio aquel 20 de junio de 1992, y tuvo validez, gracias a la fuerza de la ciudadanía, o eso creíamos, al menos.

En el preámbulo de la ley constitucional dice: que el pueblo paraguayo, por medio de sus legítimos representantes reunidos en  Convención Nacional Constituyente, invocando a Dios, reconociendo la dignidad humana con el fin de asegurar la libertad, la igualdad y la justicia, reafirmando los principios de la democracia republicana, representativa, participativa y pluralista, ratificando la soberanía e independencia nacionales, e integrado a la comunidad internacional, SANCIONA Y PROMULGA ESTA CONSTITUCIÓN. Sin embargo, no se cumplen las leyes prometidas a los que desean un mundo más ideal que el actual. Podemos estar o no de acuerdo con lo que plantearon los CONSTITUYENTES en el pasado, pero de seguro, lo hicieron para evitar que se vuelvan a dar gobiernos semejantes a los de Alfredo Stroessner y repetir, viejos vicios políticos.

La nueva Constitución Nacional se hizo famosa en el escrito, y la transparencia, queda obsoleta, al deseo de los vulnerables. A esto le llamamos “Dictadura disfrazada de democracia”. Esta realidad se percibe cada vez más en la sociedad consumista y materialista.

Los grandes señores que conforman el gobierno, los parlamentarios y otras autoridades que ocupan sillas, sin hacer cosa indispensable para la sociedad, siguen endulzando el oído de los no escuchados. Y el despilfarro de las pertenencias ciudadanas que existe entre ellos, es incalculable e indiscutible.

Los pobres son explotados física y mentalmente en este sistema autoritario. Son olvidados e innombrables que solo están para servir con la obediencia, cumpliendo órdenes. Privándose de su libertad como oprimidos. Y los gordos enriqueciéndose a costa de ellos. Esta barbaridad que se viene practicando constantemente desde hace dos siglos y, va aumentando con gran intensidad en la población. Es muy preocupante ver situación así, que solamente busca destruir una vida digna, que todos merecen, en favor de sus intereses personales o de grupo.

La economía y el capital del Estado está afectada por la mala administración. Este trabajo perverso forma parte de los trajes negros. Es una pena decirlo, pero ayuda iluminar la mente de aquellos hombres de ojos tristes que luchan por la justicia.

Karl Marx y Max Weber son dos grandes autores de origen alemán que se interesaron desde el principio por el desarrollo del capitalismo, con dos enfoques drásticamente peculiares o diferentes. Marx comprendía que el principio del mismo se plasma en la economía. Es la base material fundamental de la sociedad que representa la estructura, el incremento del desarrollo y el cambio de la población social. Así como las fuerzas productivas y vínculos de producción, que permite una adecuada forma de pensar. Weber ocupó su vida a la Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, demostró que si el ser humano tiene un enfoque bien definido es más probable impulsar y llevar adelante una forma de modelo económico competente. Marx a razonado más profundo, entendió que el Capitalismo eliminaría a la clase media en algo similar a los proletariados explotados de su época que sufrieron tremendas injusticias, lógicamente, viendo el sistema chino, vemos que no necesariamente, esta profecía se convierte en realidad a la luz de las experiencias en un bando y el otro, tanto los que defienden al capitalismo como los que lo atacan.

Joseph Schumpeter el economista austríaco, fue el genio que se anticipó del fin del capitalismo y que es imprescindible para comprender mejor la economía de hoy. “¿Puede el capitalismo sobrevivir? “, a sí mismo se preguntó Schumpeter. Y la respuesta fue “No, no creo que pueda”; dejó su crítica en una de sus más importantes obras que sería “Capitalismo, socialismo y democracia”, del año 1942.

El analista del capitalismo muy admirado con un pensamiento más razonable   decía que para dar fin a este sistema intolerable sería el propio éxito de cada uno. Él no estaba de acuerdo con la dictadura del proletariado ni con la revolución de Marx.  Rechazaba totalmente las ideas del análisis Marxista, que tienden a discriminar por clases a las sociedades y suponen ese estadio político en el que se intenta extinguir a unas clases para beneficio de otras. Pues, se posicionaba de parte del individuo y no, de la colectividad.

La división de los partidos políticos que luchan solamente por sus banderas de colores y se aíslan de la realidad viviendo en un mundo de utopía. No ven la necesidad de los que gritan todos los días para obtener respuestas favorables, que les pueda mover de su esclavitud y tener la libertad como ciudadano; pero parece que la palabra “Ciudadano” es solo para gente privilegiada.

En la economía se puede combatir el crecimiento y la igualdad. Hay que trabajar más por esta última, en el sentido de las oportunidades, porque si no se cambia el modo de producción actual siempre existirá la creciente desigualdad de la riqueza, en el sentido, de que los políticos que nos gobiernan no dejan lugar a dudas sobre sus intereses y de ello, se presentan como defensores del peor sistema para seguir oprimiendo al pueblo paraguayo.

Los más ricos y latifundistas monopolizan todo y los pobres hasta sin un pedazo de tierra se esclavizan por un trozo de pan que les envejece más rápido. Trabajan sin recibir nada a cambio. La plusvalía está por encima. Los dominantes se enriquecen descansando en un asiento de oro, mientras tanto, nosotros debatimos sobre ideas, no sobre realidades.

Si se trabajara realmente como se debe en el ámbito de los “Derechos Humanos” sería posible lograr un país que el pueblo anhela tener y dejar el modelo ideológico Stronista. Poner un fin a la impunidad.

Falta buena organización del trabajo público, eficiencia en otras palabras, y autoridades que se preocupen y ocupen del bienestar de su pueblo para transformar esta sociedad fantasma en un país más equitativo y justo. Pero evidentemente, todo esto tiene un comienzo y un final y la sarna con gusto no pica, como dirían las personas que, sabiéndolo o sin saber, son propiciadoras de este estado de cosas.

La resistencia del pueblo es primordial ante semejantes estupideces que se cometen día a día en el mismo lugar y por los mismos políticos de siempre.

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