Un peligro latente pero real

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En la imagen se ve a un hombre que cruza una calle en Manhattan, New York con un traje Hazmat que quiere decir “Hazardous Materials”, que se define como cualquier traje que se utiliza para hacer frente a materiales peligrosos que pueden ser de origen sólido, líquido o gaseoso y que puede dañar seriamente la salud de las personas, o al medio ambiente, y por añadidura, la propiedad privada. Estos trajes tienen una variante entre que sean de uso militar o civil y se conocen con el nombre de NBQ, “Nuclear”, “Biológico” y “Químico”.

Crédito: History Collection/Back In The Days

El hombre publicitaba en mitin antinuclear a realizarse un 3 de junio de 1979. Vemos cómo los peatones que tienen la suerte de encontrarse con este “extraterrestre” se sienten extrañados. Parecería una escena postapocalíptica aunque si nos recordáramos de China y el Coronavirus ya no nos sorprendería bajo ningún aspecto.

NBQ

Siempre se habló de la peligrosidad de las armas químicas o biológicas y desde que la carrera nuclear enfrentó a las dos superpotencias la URSS y EE.UU., la preocupación real por la extinción de la especie humana a causa del estallido de una guerra nuclear estaba vigente y ya Stanley Kubrick llegó a plantear el problema a nivel mundial de manera jocosa a través del lenguaje audiovisual en una de las más grandes comedias de la historia, Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb o como la conocemos en Latinoamérica: “Teléfono Rojo: Volemos a Moscú” que mostraba cómo un poder tan peligroso en manos inapropiadas podía generar una guerra total con la magistral actuación de Peter Sellers.

Fotograma de la película Teléfono Rojo: Volemos a Moscú.
Peter Sellers en un papel memorable. Fotograma de la película Teléfono Rojo: Volemos a Moscú.
George C. Scott como él solo. Fotograma de la película Teléfono Rojo: Volemos a Moscú.

Grupos como Greenpeace y otros grupos sociales en diversos países se enfrentaban a la proliferación de las plantas nucleares y a su “energía limpia”, que se creía, hasta muy entrada la década del ochenta del siglo pasado, no reunía peligros mayores para la humanidad pero sí, una fuente inagotable de energía. Esa forma de pensar ha ido cambiando a lo largo de las últimas décadas. El problema no es la energía nuclear sino con qué fines se la utiliza. Los fines pacíficos siempre deben estar a la palestra de las decisiones políticas de los gobiernos.

Lamentablemente el desastre de Chernobyl y el posterior análisis de los datos y los testimonios de los miembros de esa planta nuclear demostraron que se podía hablar de energía limpia en el sentido de la potencialidad de su aprovechamiento comparada con otras fuentes como la hidroeléctrica pero olvidando siempre, que las mismas plantas están siempre en manos de seres humanos que pueden cometer errores graves en momentos críticos. esto se vio magistralmente puesto en escena en la serie Chernobyl de HBO Olé del año 2019  en la cual se recrean esos momentos trágicos en que la suma de varios factores provocó el mayor desastre nuclear de la historia.

Los héroes de Chernobyl. Lastimosamente muchos de ellos no sabían a lo que se estaban exponiendo. Era la primera vez que ocurría una catástrofe de esta envergadura.

El posterior desastre de la planta nuclear de Fukushima luego del Tsunami de 2011 en Japón nos mostró que tan endeble era este argumento de limpieza y eso, sin considerar los desechos generados por estas centrales, que durarán millones de años en algunos casos; se había empleado la argumentación científica pero se olvidó sin embargo, el aspecto climático y contra eso, nada se podía hacer, afortunadamente ahora con los conocimientos adquiridos de estas experiencias dramáticas estamos entendiendo mejor que la seguridad consiste en saber que no se puede estar seguro y la capacidad de respuesta directa y eficaz depende mucho de la capacidad de innovar sobre la acción imprevista de la naturaleza, apoyado en una preparación y capacitación constantes.

Los liquidadores, trabajando en el tejado del reactor – YouTube

Actualmente las Naciones Unidas enfrentan un gran problema a largo plazo, ¿qué hacer con los desechos nucleares?

Las potencias nucleares como Francia, EE.UU., o Rusia en su momento, tenuemente dejaron entrever su responsabilidad y compromiso a la hora de entablar serias negociaciones sobre cómo tratar a estos desechos así como qué energías alternativas se podrían usar en vez que la nuclear, que como vemos, tiene sus ventajas pero a largo plazo, constituye un problema de difícil solución. Hasta ahora, en antiguas minas de sal, por ejemplo la mina de sal de la ciudad alemana de se ha enterrado una gran cantidad de material radiactivo desechado de las centrales a lo largo de Europa. El almacenamiento geológico profundo ha representado para las potencias nucleares la mejor opción cuando se habla de deshacerse de alguna forma de los desechos y residuos radiactivos pero esto no puede continuar así aunque no exista hasta el momento algún proceso que pueda reducir estas enormes cantidades que se alojan en las cavernas subterráneas del mundo.

Submarino ruso en fase de desmantelamiento. Crédito: nauticainfo.com

La desnuclearización parece una buena idea desde el punto de vista de la pacificación mundial y de la seguridad de los seres humanos pero desde la practicidad de la utilización de otras fuentes energéticas, mientras tanto, muy caras de conseguir o aprovechar, hasta ahora, al menos, sin visos de solución, la energía nuclear representa la mejor apuesta de los gobiernos.

Por citar un ejemplo conocido, los submarinos nucleares soviéticos debieron ser desmantelados por su peligrosidad, todos ellos tenían alta cantidad de residuos nucleares. Ahora ocupan sus reactores respectivos un enorme cementerio, sellados por completo en recipientes de hormigón para mantenerlos inoperantes al menos, por unos ochenta a cien años.

Entrada al túnel de acceso del cementerio de residuos, en Finlandia. Imagen de Posiva Ltd.
Crédito: Xataka

Aunque para finalizar, diremos que el miedo en contra de la energía nuclear se debe más que en un factor real, que hemos visto, es cierto, en el desconocimiento. Las opiniones de la gente entendida han previsto bien sin embargo, el hecho es que hasta el momento, los accidentes nucleares son poco numerosos y las centrales nucleares están a cargo de científicos altamente cualificados. Lastimosamente, las personas siempre se dejan llevar por el sensacionalismo. Pero el peligro latente, es real. En fin, todo lo que genera una sola imagen, te animo a que lo debatas con tus amigos o compañeros de trabajo.

La energía no es mala, sino el hombre…

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Gabriel Ojeda

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