Una pequeña parte del problema

Una pequeña parte del problema

Uno de los retos a los que se enfrenta nuestro país en estos momentos es consensuar unas directrices de política educativa, sólidas y con previsiones de continuidad y permanencia en el futuro, lejos de la volatilidad que presentan al día de hoy. La “voluntad política”, clave esencial para resolverlo.

Nuestra Educación actual se está viendo envuelta en una vorágine de acontecimientos legales y políticos que parecen complicar aún más la ardua tarea educativa. Sin embargo, pese a la importancia que tiene la misma, las personas encargadas de fijar sus directrices son incapaces de alcanzar un acuerdo.

La educación es la materia fundamental de lucha de un gobierno, es decir, si es que no existe una política que promueva un sistema educativo óptimo, de calidad y extendida a todos los recónditos lugares del territorio nacional, esta política se convierte en un intento perceptiblemente fallido, en una futilidad voluntaria llevada adelante con progresos inconmensurables desde los gobiernos sucesivos.

No se puede pretender crear un mejor futuro si es que no hay una buena formación educativa, una estructura sólida sobre el cual se fomente la formación de líderes del mañana, somos un país con un gran potencial, que desgraciadamente desaprovecha las capacidades de sus generaciones más jóvenes, y esto repercute de manera notoria en la marcha presente y futura de nuestro querido Paraguay. Si en estos tiempos, alguien no acepta esta interrelación, estaremos ante la prueba fehaciente del estrepitoso fracaso que sufre su visión crítica.

El deterioro del sistema educativo de hoy en nuestro país, se ve reflejado cuando las autoridades que deberían velar por la calidad en materia de educación que se desarrolla en cada escuela está acorde a lo que se debería saber hoy, no, si los elementos burocráticos del Estado, están en concordancia con la “visión política” del sector político que ostenta el poder; se percibe cuando los alumnos realizan tomas de instituciones educativas, paros, sentatas o manifestaciones, a fin de hacer saber su descontento con la mísera parte de presupuesto invertido para mejorar, supuestamente, la infraestructura de una escuela o un colegio, cuando no existe actualización constante de una malla curricular acorde a lo que es de vital importancia saber; y las cabezas de estas carteras estatales se hacen de la vista gorda y solo mandan a reparar instituciones que han logrado salir en televisión. Somos grandes correctores de errores y sucesos lamentables, pero nunca previsores a través de proyectos a largo plazo.

Cuando se inauguran escuelas, el presidente de turno y sus allegados jefes políticos, encargados de algún órgano importante de la Educación paraguaya, pertenecientes a su propio partido o movimiento, en pleno acontecimiento minúsculo, en vez de proponer trabajar más arduamente para llegar a cada escuela precaria del país, realizan campaña política al son de «Viva esto o aquello», dejando a sabiendas, que este asunto es lo que menos les importa. Y si por ahí, responden los requerimientos de la prensa, en cualquier época de nuestra transición democrática, a lo que atinan con seguridad decir con bombos y platillos es: “Esto es culpa de la administración anterior”.

Eduardo Petta y Nancy Ovelar. Foto: @MaritoAbdo

Sólo desde el acuerdo común de todos los que, hoy o mañana, tienen el poder de legislar en esta materia, podremos conseguir que nuestro país se encuentre en los puestos en que siempre tendría que haber ocupado, liderando las estadísticas en materia educativa.
Esto lamentablemente no es así debido a que todos los problemas anteriormente mencionados influyeron para que el país baje de categoría en el ranking de las mejores universidades del continente porque las autoridades competentes priorizan cosas que no se deberían, y eso que solo hablamos de cuestión educativa, si vamos un poco más allá y vemos la realidad del sector salud, nos daremos cuenta de que para nuestras autoridades no somos nada.

Esa realidad se hace más despreciable y monstruosa cuando vemos que existen políticos con demandas por desvío de fondos públicos, lesión de confianza, hasta la reciente polémica del MEC entre el Ministro y la Viceministra, (bochornoso espectáculo digno de un circo y no, de un Ministerio tan importante como el de Educación y Ciencias, desnudando la inseguridad en la que estamos asentando, a las nuevas generaciones que chocarán con esta Educación penosa, que busca anteponer excusas egocéntricas o intereses sectarios, políticos o personales, antes que el bien común de la sociedad), y muchas otras situaciones que nos dejan a nosotros, vulgarmente, bajo la mesa y deducimos que todo esto es solo una pequeña parte del problema.

Lamentablemente, la actualidad nos hace ver el futuro con muy bajas expectativas. Ante estas fueres realidades negativas, nos preguntamos, ¿tenemos la Educación que nos merecemos?

http://www.cronica.com.py/2015/10/16/asi-se-hace-patria-nene-no-hay-plata-y-dan-clase-bajo-arboles/

Me animaría a decir que tenemos la Educación que nos merecemos porque seguimos votando a una casta política, que más que engrandecer la memoria de nuestros más grandes representantes intelectuales y culturales, se preocupa de destruir aún más el sistema educativo, ya que seres no pensantes, borregos en el peor sentido del término, son votos seguros.

Ya es hora de cambiar nuestro panorama, de nosotros depende, en primera instancia, para luego, cambiar el entorno en el que vivimos. No votemos al color, sino a los proyectos a futuro, con sostenibilidad.

Nicolás Maidana

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