El Parlante

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Windows y mónadas en el universo hipertextual

En la obra “Hiperculturalidad”[1] del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, nos topamos con la idea del hipertexto, concebida por el filósofo estadounidense Ted Nelson quién la concebía como una práctica de la libertad, pero, ¿qué es el hipertexto? Es la forma –no secuencial– en la que se puede crear, agregar, y compartir información de distintas fuentes por medio de enlaces y redes.

En resumidas palabras, es el texto que contiene enlaces (links) a otros textos; lo cual nos permite acceder a gran información. Antes, Nelson aseguraba que llegaría un momento en el que seríamos capaces de leer y escribir en un ordenador teniendo acceso a una extensa biblioteca “virtual” de información, claro, eso sabiendo que no todo texto digitalizado es un hipertexto; se necesita que haya enlaces internos o externos entre los mismos, para conducir a esa biblioteca. 

Ted Nelson. Wilkipedia

Para acceder a ese vasto mundo de conocimiento, necesaria sería la escritura no secuencial, ahí radica el hipertexto. Una serie de textos van conectados mediante enlaces que posibilitan variados recorridos al que lee. En el hipertexto el ser humano tiene la posibilidad, además, de expresar la interconectividad del conocimiento.

Y bien, ¿por qué sería una práctica de la libertad el hecho de compartir información?

Partiendo de la palabra “práctica”, que es el ejercicio de forma continuada de una actividad, (que luego pasa a una habilidad) la libertad es eso que se busca día a día, y que se “practica” de manera repetida en pequeños detalles, que –a veces– no nos percatamos o no dimensionamos que van en busca de la necesidad de sentirse libre.

En la libertad el ser humano tiene la capacidad de poder obrar según su propia libertad. Decía el médico y psicodramaturgo argentino, Jorge Bucay, que «la libertad es la capacidad de elegir dentro de lo posible. Es la posibilidad y el derecho que tiene cada uno de elegir una de las alternativas que se presentan en un determinado momento»[2].

Y es cierto, dentro de lo posible siempre hay dos caminos: el bien y el mal. El ser humano tiene la capacidad de poder obrar, pero no todos según su propia libertad. Entonces, ¿somos libres? En algún momento razonamos que nadie goza de libertad absoluta, en alguna ocasión se rompen normas o valores para actuar en un determinado momento.

Pero, todo radica en lo mencionado anteriormente. En la “practica” de la libertad. En la búsqueda dentro de pequeños instantes que nos permitan sentirnos libres. Ahora bien, uniendo los conceptos de “libertad” e “hipertexto”, ¿qué nos dice Ted?

A mi parecer, el sociólogo menciona que, dentro del hipertexto, en internet: redes sociales, web, o algún otro medio, el individuo busca sentirse libre ahí, debido a que puede crear publicaciones, agregar y compartir fotos, vídeos, un montón de información mediante enlaces que –quizás– los hace sentir libres.

sooluciona.com

Más arriba mencionaba que nadie goza de libertad absoluta, y lo que dice el investigador a continuación es interesante. “El hipertexto se deja interpretar como clave para una emancipación general[3]. La emancipación es la liberación respecto a un poder, autoridad o algún tipo de dependencia. ¿De verdad el hipertexto es clave para lograr esa dependencia?

Contar con un orden jerárquico, es decir una estructura en base al orden de criterio –comúnmente superioridad–, para Nelson se basa en una coacción, un proceso destructivo. Y es sugerente lo mencionado a continuación:

El lector de un libro convencional se tiene que someter al orden preestablecido. De este modo las diferentes preferencias del lector no son satisfechas (…), el lector es forzado a una conducta pasiva. Por el contrario, el hipertexto permite una actitud completamente diferente frente a la lectura. Pone a disposición posibilidades de elección[4]. ¿Nos destruye ese orden jerárquico basado en la coacción?

Ese punto mencionado, lo comparto entre risas: al momento de leer sus definiciones, un tanto profundas o técnicas, cuesta darle el seguimiento al propio libro, ya que se sigue el orden preestablecido por el autor. Sin embargo, buscarlo en internet supone acceder a mayor información, y no limitarse al margen de lo escrito en papel, y termina siendo tan real como cuando se apunta a que es así como en el hipertexto se crean caminos para diferentes lectores en base al bagaje, gusto, y, –probablemente – al conocimiento; ya que uno a medida que navega, va accediendo a los textos que tienen “links” para ir a otros textos, y así trazar su camino.

El hipertexto es sumamente interesante –e importante–, ya que se satisface la necesidad de las personas de estar en constante interacción con diversas informaciones… pero, a las definiciones, le sigue algo más interesante.

Entonces, conectando al hipertexto, existe una emancipación, puesto que no hay una dependencia hacia algo preestablecido, el lector no se ve “obligado” a seguir la secuencia establecida, sino que se apunta a una autonomía según los gustos y la conducta se vuelve activa, moviéndose constantemente a través de la información.

¿Por qué hay un capítulo llamado “Windows y mónadas, dentro del libro?

El mundo es una especie de ‘hipertexto windowing’. Las ventanas son accesos al mundo hipertextual[5]. ¿Qué nos quiere decir? Las ventanas (windowings) son el acceso al mundo hipertextual. La experiencia de ese mundo hipertextual se logra en el “paso a través de la ventana[6], es decir una vez que tengamos acceso nos abrimos a un mundo mayor, sin fin.

“El universo hipertextual contrasta de forma interesante con el universo leibniziano, ya que sus habitantes (mónadas), no tienen ventanas (Windows). La mónada refleja en sí misma el universo, este reflejo es, no obstante, un reflejo interior, en tanto que la ‘mónada’ carece de ventanas. Esta carencia se debe a que es una substancia. Está cerrada por todas partes, se aferra a sí misma (…) La unidad de substancia módica no permite ninguna comunicación, es decir, ningún reflejo mutuo”.[7]

La ventana tiene dos funciones, claramente sabidas –y recordadas por Nelson– que puntualiza muy bien Han: Actúa como una abertura hacia afuera, siendo reveladora, pero también hace de protectora, cuando por el otro lado, –al permanecer cerrada– nos protege del mundo exterior. Se pueden producir mónadas con ventanas.

Las mónadas se caracterizan por ser diferentes unas de otras. Cada ser posee una mónada dominante, y en el ser humano es el alma. Las mónadas son sujetos activos e independientes y no se rigen por actividades predeterminadas. La comparación que refiere Nelson y que Han patentiza en el libro, de que el mundo se basa en una especie de “hipertexto windowing” hace que uno asiente y se refleje –sin querer–.

Byung-Chul Han. bloghemia.com

Hoy, en el mundo, todo se basa en abrir y cerrar ventanas, lograr ese “paso a través de”, y seguir… sin fin. Es como un impulso infinito, como en la computadora, abrimos infinitas ventanas; eso ocurre en el mundo real. Finalmente, en el windowing nos reflejamos. En nuestra cultura ya no podemos lograr comprender ideas bajo el “multi”, o “inter”, lo que predomina es el “hiper”: todo debe denotar superioridad y una mezcla de exceso.

No hay un plan qué seguir, o no se busca un horizonte. Se abren y cierran etapas constantemente, a fin de que no ocupen espacio, sino que sean nada más lugares alternativos. Lo necesario es abrir ventanas en exceso. “El universo hipertextual no se encuentra monádicamente cerrado (…) El habitante del universo hipertextual sería una especie de ser-ventana, que constaría de ventanas a través de las cuales concebiría el mundo. El windowing sustrae a la casa su interioridad monádica, desinterioriza al inquilino y lo transforma así en un turista hipercultural”.[8]

¿Puede un hombre recorrer constantemente –vivir en un universo hipertextual– sin detenerse plenamente en las ventanas? Sí, y se convierte en turista –híper– cultural, sin concluir etapas, siempre buscando más.  El habitante del universo hipertextual representa un ser abierto, sin un lugar dónde habitar.

El filósofo Leibniz, dice que es Dios quien media entre las mónadas desprovistas de ventanas, para proporcionarles una “armonía especial”, donde el cuerpo y el espíritu interactúen entre sí.[9]

Un fragmento, leído en internet, y que a mi parecer describe tal lo que ocurre en un universo hipertextual, dice que “Si el viajero de Nietzsche camina sin rumbo hacia su ocaso porque ha perdido a Dios y el peregrino de Heidegger deambulaba angustiado porque ha perdido su patria, el nuevo turista hipercultural explora el mundo dando tumbos, aparentemente feliz y siempre sobre la superficie porque lo ha perdido todo… pero, sobre todo, ha perdido el concepto de lugar[10]. El fragmento es muy claro.

El legítimo viaje empieza por el interior, para luego extenderse al exterior. Las ventanas deben cumplir ambas funciones, no solo actuar cerradas. Por último, Ted menciona que “En su aislamiento –los seres– se asemejan a las nómadas desprovistas de ventanas”

La necesidad de descansar en ventanas, partiendo desde la búsqueda del porqué y para qué estamos ahí, debe ser imperante para sentir armonía, no tendría sentido solo ser turistas sin horizontes, ¿será la hipercultura –en el mundo real– un escape a las etapas que solo deseamos atravesar sin más, siendo turistas? ¿Nos hemos puesto a pensar que el verdadero viaje comienza desde la nómada dominante, que es el alma?


[1]Han, Byung-Chul. Hipertextualidad. p. 65 y sgtes. Herder. 2018

[2]https://lamenteesmaravillosa.com/libertad-es-hacer-lo-que-uno-quiere/

[3]Han, Byung-Chul. Hipertextualidad. p. 65 y sgtes. Herder. 2018

[4]Ibíd.

[5]Ibíd.

[6]Ibíd.

[7]Ibíd.

[8]Ibíd.

[9]Ibíd.

[10]El Turismo Hiperculturalhttps://revistadeletras.net/byung-chul-han-el-turismo-hipercultural/

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