El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Paleontología

Macrauquenia, esa gran desconocida

Macrauchenia patachonica, nombre científico del extinto mamífero herbívoro sudamericano conocido como Macrauquenia. Fue el último representante del orden Liptoterna (ungunlados meridionales), que aparecieron por primera vez a principios de la era Cenozoica (66 m.a – actualidad),  que se inició luego del trágico final de la era Mesozoica y sus representativos dinosaurios, que dominaron el planeta durante unos 150 millones de años, aproximadamente.

         Tenía el tamaño de un camello  moderno, cráneo alargado en el que se destacaba una pequeña trompa, similar a la del tapir; podía medir unos dos metros de altura y tres de largo y pesar alrededor de una tonelada.  No eran animales aptos para realizar carreras debido a sus patas, que contaban con tres dedos terminados en cascos.

         Macrauquenia habitó nuestro país, así como Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay y desapareció hace unos 12.000 años, al final de la última era glacial.

         Los primeros restos de este animal fueron descubiertos en 1834 por Charles Darwin, durante su viaje en el Beagle, en el sur de Argentina.  Este hallazgo lo dejó un tanto desconcertado, por  lo que envío los fósiles al paleontólogo británico, Sir Richard Owen, quien no logró ubicarlo en algún grupo conocido,  por su rara combinación de rasgos, aunque supuso que se trataría de algún tipo de llama gigante; de ahí su nombre: Macrauchenia (“Llama grande”).

         Desde entonces, fueron varios los intentos de los  investigadores  por identificarla, sin mucho éxito. Hasta ahora.

         El pasado 27 de junio de 2017, fue publicado un estudio en Nature Communications,  liderado en conjunto por la Universidad de Postdam (Alemania) y el Museo de Historia Natural de Estados Unidos. El mismo reveló que la misteriosa macrauquenia, a la que algunos consideraban un “experimento evolutivo fallido de la naturaleza”, en realidad es pariente de caballos, tapires y rinocerontes, pertenecientes a un grupo conocido como Perissodactyla, del que, gracias a la reciente investigación, se estima que el linaje de macrauquenia divergió hace unos  66 millones de años, cuando se produjo la extinción masiva de finales del período Cretácico.

         En el trabajo, por primera vez se publica su  genoma mitocondrial (material genético  contenido en los orgánulos celulares conocidos como mitocondrias) casi completo.

         Llevar a cabo esta labor  supuso un verdadero desafío para  los científicos, debido a la falta de descendientes que estuviesen actualmente vivos.

         A través de secuencias de proteínas de colágeno, desde hace poco, se logró tener una mejor idea de cómo especies extintas se relacionaban con otras que están vivas.  Pero, el uso de ADN antiguo para saber más de estos animales antiguos, se dificultaba por la degradación del material genético  y la falta de  genomas de referencia de parientes cercanos, que muchas veces son empleados para llenar huecos, cuando de reconstruir la historia evolutiva de la Tierra se trata.

          Para superar estos escollos, se recurrió a nuevas técnicas de secuenciación (métodos y técnicas bioquímicas  para determinar el orden de los nucleótidos en una cadena de ADN) y mapeo (determina  qué genes contiene un cromosoma y cuál es la posición de estos en el mismo)  para comparar  secuencias de ADN mitocondrial de fósiles hallados en una cueva al sur de Chile, llamada Baño Nuevo, con los de otros mamíferos modernos.

Esqueleto de Macrauchenia patachonica (grande)  y Phenacodus primaevus (pequeño) Crédito: Wikimedia commons. Recuperado de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Phenacodus_primaevus_(near)_and_Macrauchenia_patachonica_(far).jpg

         Mediante esto, el equipo logró reconstruir el 80%  del genoma mitocondrial de macrauquenia, pudiendo ubicar a este género dentro del grupo de los Panperissodactyla, cercanamente emparentado con el de los caballos, tapires y rinocerontes, lo que lo ubica dentro del mismo árbol genealógico de estos.

         Los estudios de ADN abren nuevas puertas para la reconstrucción del pasado  de nuestro mundo. Hasta hace poco, la manera de realizar  estudios de especies ya desaparecidas era a través de la  comparación de su anatomía con la de  descendientes (lo que en este caso en particular resultaba difícil porque no los había). Además, ante  esta nueva evidencia, queda más que demostrado que genomas antiguos pueden ser reconstruidos a pesar de no contar con genomas de referencia provenientes de parientes vivos.

         Aún así, todavía queda mucho camino por recorrer y muchas preguntas sin respuesta acerca de la historia pasada de los grandes mamíferos sudamericanos.

         Llevará un poco más de tiempo averiguar de qué manera,  cuándo surgieron realmente y cómo evolucionaron a lo largo de decenios, los grandes mamíferos que dominaron continente sudamericano antes de la aparición de nuestros antepasados.

Reconstrucción de un ejemplar de Macrauchenia y su cría. Crédito: Walking with Wikis. Recuperado de: http://walkingwith.wikia.com/wiki/Macrauchenia

Fuentes:

  • Bär, Nora. (27 de junio de 2017) Logran dilucidar un enigma evolutivo planteado por Charles Darwin. La Nación. Recuperado de: http://www.lanacion.com.ar/2037481-logran-dilucidar-un-enigma-evolutivo-planteado-por-charles-darwin
  • Llorente, Analía. (1 de julio de 2017) Machrauchenia, el misterioso animal sudamericano que desconcertaba a Darwin y que descubrieron que es un primo lejano del caballo. BBC mundo. Recuperado de: http://www.bbc.com/mundo/noticias-40465801
  • Westbury, M. et al. A mitogenomic timetree for Darwin’s enigmatic South American mammal Macrauchenia patachonica.Nat. Commun. 8, 15951 doi: 10.1038/ncomms15951 (2017).

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