Tiempos frágiles, tiempos de ambiciones

Tiempos frágiles, tiempos de ambiciones

Por décadas nuestra patria se ha visto afectada por la corrupción estatal, ya desde la dictadura se pueden apreciar algunos casos, como lo expone el economista Andrew Nickson:

«En octubre de 1990, poco después de la caída de la dictadura, se embargaron los activos de 36 ex oficiales del régimen (Stronista), que totalizaban 550 millones de dólares, el equivalente al 25% de la deuda externa del país.

De ese total, se recuperaron solamente 12 millones de dólares» (1).

Si se hace hincapié al pasado no es por pretender lanzar una bolsa pesada a una generación que se dividió en perseguidos y perseguidores, sin olvidar a quienes han lucrado, estando con ambos bandos.

Es solo para hacer memoria de una enfermedad que no pudo ser curada en nuestra frágil democracia, donde los casos de corrupción han seguido un sendero sin discriminar ideología alguna, la impunidad ha sido la marca registrada de nuestro tiempo, esa impunidad que se refleja en el compatriota que tiene que pagar hasta los guantes del médico en un hospital público, a falta de presupuesto para la salud.

Una nación donde la riqueza ha quedado no sólo en manos de políticos deshonestos, también en manos de una pequeña pseudo-aristocracia que se ha adueñado de casi todo el territorio nacional, (en algunos casos de manera turbia).

Zánganos que no sienten empatía alguna por el progreso de la nación, porque han puesto su capital por encima de la bandera, adquiriendo «verdades» a través de los medios de comunicación, para así proyectar sus intereses personales como intereses del pueblo, defendiendo o desestabilizando un gobierno, según los beneficios que puedan extraer.

Y para no sonar demagogo, no me refiero a esos pocos o casi inexistentes empresarios honestos que han logrado a partir de su capacidad salir adelante en este país, me refiero a esa oligarquía de dos a cinco apellidos que todos conocemos, y para utilizar el término de «oligarquía» (para no asustar al lector conservador) me remito a Aristóteles quien en su obra «la política» ya advertía que la desviación de un gobierno aristocrático, era la oligarquía. Y pese a que estos cinco apellidos ciertamente no han gobernado frente a todos, si lo han hecho durante las oscuras noches, donde las decisiones políticas debían pasar por la aprobación o el rechazo de estas personas.

En este panorama nace un nuevo «ídolo» pese a que ya es un viejo zorro de la política, siendo diputado nacional por el período de 1993-1998. Tiempo que pasó de estar desapercibido, a volverse el héroe que todos esperaban. Apoyó la candidatura del ahora ex presidente Horacio Cartes (2013-2018) y recibió en su casa la visita del cuestionado político Justo Zacarías (cuestión extraña que en ese tiempo no haya utilizado su famoso cinto).

En la actualidad Paraguayo Cubas se comporta como mitad humano y mitad animal, pero en el buen sentido, casi como un personaje de ficción con guión propio.

Tomando las palabras de Maquiavelo «es preciso saber utilizar bien la parte animal, tomando de ejemplo a la zorra y el león. Ser zorra para conocer las trampas y León para asustar a los lobos» (2).

Imagen: Payo Cubas entre Lilian Samaniego y Horacio Cartes, en un acto político de la ANR; extraída del siguiente portal digital: https://paraguaype.com/cinco-datos-llamativos-sobre-paraguayo-cubas/

Ante la decadencia de los partidos tradicionales, era cuestión de tiempo para que alguien astuto que saliera de los papeles establecidos apareciera en nuestra actualidad política aburrida y con los mismos de siempre “peleándose por las migajas politiqueras”.

Paraguayo Cubas no es ningún loco, conoce lo que sus acciones representan y hacia dónde van dirigidas, (a una población con mucha bronca pero con ínfima capacidad crítica a la hora de analizar los prolegómenos de nuestra política criolla, con mucha rabia pero sin lectura comprensiva) personifica lo que Maquiavelo decía hace unos siglos atrás, cuando afirmaba:

«Los hombres son tan simples y obedecen tanto a las necesidades del momento, que el que engaña encontrará siempre uno que se deje engañar». (3)

La política debería ser observada como la televisión con escepticismo, de ese modo, todo se vuelve menos peligroso. Vivimos tiempos frágiles y en esa fragilidad es donde las ambiciones personales cobran mayor fuerza.

¿No les parece raro? Que determinados medios de comunicación y siniestros políticos «jubilados» apoyen actualmente a alguien que se muestra a favor de una dictadura, y tenga de referencia a personajes como Chiang Kai-shek o el portugués Antonio de Oliveira Salazar.

La idolatría en política conlleva un costo adicional.

«Y el costó, sólo lo veremos cuando haya terminado el show, y sea demasiado tarde».

Por Fernando Escobar

Fuentes:

Andrew Nickson Obra: El régimen de Stroessner (1954-1989) (1)

Nicolás Maquiavelo. Obra: El Príncipe. (2) y (3)

El Parlante

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