El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Reflexión

16 de agosto, batalla de Acosta Ñu

Día del Niño en Paraguay – Día de la Masacre más terrible de América.

A no olvidar a estos héroes que nos legaron esta independencia y soberanía, que a duras penas se sostiene en pie, pero que es mejor que cualquier yugo impuesto desde la Triple Alianza de Cobardes, que masacraron sin pudor y con extrema crueldad.

El contubernio aliado mostraría una de sus acciones más deleznables, la verdad sobre sus reales intenciones: exterminar a un pueblo hermano al que no podía doblegar por el imperio de la diplomacia o la guerra, ése era el único camino posible, ante el sacrificio de miles de paraguayos que no quisieron jamás la esclavitud del yugo de estos monstruos que con la excusa de la libertad y la paz, volcaron su terror y su brutalidad en contra de seres indefensos pero alistados para sobrellevar la guerra como era menester en aquel tiempo, a través de los ríos de sangre de Acosta Ñú y el asesinato en masa, los aliados condenaron su alma al infierno que ellos provocaron y nuestros compatriotas descansaron por fin, en el Elíseo.

Nuestros compatriotas con la mayor gallardía se inmolaron en el instante más atroz de nuestra historia; entendieron que antes de existir como piltrafas derrotadas por la traición o la cobardía era mejor morir aprestando sus espíritus para el largo trayecto infinito del universo: esa generación se convirtió así en inmortal, en dioses de nuestro Olimpo paraguayo y aún velan por nosotros, infundiéndonos a los que anhelamos un mejor Paraguay, toda esa fuerza impulsora para lograr los más elevados proyectos y las más sublimes acciones que engrandecen los símbolos patrios ante tanta desidia, indiferencia y negligencia por parte de los políticos actuales, sanguijuelas que mercadean con la esperanza de sus niños y jóvenes.

Hay mucho por corregir y por mejorar, pero si tenemos siempre en mente este máximo sacrificio, podremos pensar con esperanzas en construir la Nación Paraguaya, como la soñamos. Tal y como la creímos posible hace 150 años, tal y como el Mariscal López y sus compañeros que desaparecieron con él, luchando hasta el final, creyeron necesario ejemplarizar en el marco de la historia universal de los pueblos soberanos, independientes, verdaderamente libres.

Monumento de en memoria a los niños mártires.

Esa entereza y suprema hidalguía que demostraron para defender a nuestra Patria (aún sin entender los oscuros entre-telones de la guerra), ha quedado indeleble en la marcha de los tiempos y quedará en la eternidad como signo invaluable del amor a nuestra Tierra.

Niños, jóvenes, mujeres, soldados, oficiales, autoridades que sucumbieron en la guerra, paraguayos en el mejor sentido de la palabra claman ahora desde esa eternidad para que la situación de nuestra Nación cambie de raíz.

Porque ahora el exterminio no viene de afuera, sino desde el propio interior se yergue la esbelta y fantasmagórica figura de La Parca, que sonríe mientras nuestros hijos mueren en la más completa orfandad, drogados con el multifacético rostro del infortunio, con el rastro detestable de una ignominia que convirtió los corazones rojos de sangre en oscura roca que se ha deshecho en testigo silencioso de la desidia gubernamental de los ogros del Presente, los malditos piratas que nos esclavizan desde los colores partidarios con prebendas, traiciones, legionarismo a ultranza y putrescible falsía.

Por eso, el homenaje, nunca será suficiente. Lágrimas, que no serán completas, porque el dolor aún es monstruoso.

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