Disciplina, ¿La practicamos bien?

Disciplina, ¿La practicamos bien?

Disciplina. Palabra interesante que desde hace unos días no sale de mi cabeza, una palabra bastante vidriosa que debemos tener cuidado de no confundir en el concepto.

Muchas veces hemos oído frases como «antes había otros valores, los jóvenes tenían más disciplina, cosa que hoy ya no se ve»; pero, ¿realmente esto es así o simplemente confundimos los tantos al hablar de está palabra en específico?

La disciplina, en su concepto más romántico nos dice que debemos seguir un conjunto de reglas para llegar a un resultado positivo en distintos aspectos de nuestra vida, lo cuál es correcto.

Un músico debe ser disciplinado para el día de mañana poder vivir de su arte, un futbolista debe hacer lo propio en el cuidado de su físico para en un futuro jugar en una liga de élite, incluso un laburador común debe ser disciplinado con sus horarios para no recibir penas que lo compliquen en el sentido económico, con los tan comunes descuentos por llegadas tardías, etc.

Fuente de imagen:
https://www.google.com/amp/s/lamenteesmaravillosa.com/disciplina-y-amor-la-educacion-de-un-nino/amp/



Ya hemos hablado del verdadero significado de la disciplina, seguirla nos dirige a un camino positivo sin dudas e inclusive dimos ejemplos cotidianos en los que más de un lector se sentirá identificado; entonces, ¿donde está lo peligroso de esta frase? cuándo la llevamos a la práctica y le agregamos ese condimento tan tenso como lo es una pisca de autoritarismo.

Por ejemplo si retrocedemos unos cuantos años atrás y vemos que un niño comete un error, de inmediato recibe una reprimenda del padre, que puede incluir algún golpe.

También podemos ver como un joven con pelo largo, tatuajes, etc, ya es automáticamente catalogado de indisciplinado, irresponsable, entre otras cosas. Nos fijamos en su apariencia, no en lo que hace. Me recuerda a ciertas épocas oscuras, que mejor no recordar.

Llegando a estos niveles entramos en un punto casi destructivo, cuando la persona queriendo disciplinar a otra se basa en mencionarle todo lo malo que hace en su vida, sin ofrecerle solución alguna, ni valorando el poco o mucho progreso que la persona este logrando. Un error es suficiente para machacarlo hasta un punto límite.

Para profundizar más en la acción destructiva de este tipo, lo ideal sería mencionar las bases de la misma, que surgen al sembrar la confusión mediante muchas órdenes y reglas ambiguas y mal planteadas, se mantiene la inflexibilidad aún cuando se caiga en situaciones insostenibles, y las exigencias son a menudo desproporcionadas o imposibles de cumplir.

La fase de perfección en la inutilidad de una disciplina, consiste en repartir castigos constantes, imprevisibles y caprichosos.

Fuente de imagen:
https://www.google.com/amp/s/fragmentoscoetaneosdotcom.wordpress.com/2013/08/14/tecnicas-de-disciplina-positiva/amp/


Nos preocupamos por banalidades, las introducimos en el concepto de la palabra en cuestión y parece que nos olvidamos de la escencia de la misma; la disciplina tiene como misión mejorarnos como personas, hacernos capaces de superar dificultades, ser persistentes hasta el final y esto solo se consigue viviendo sin temores a lo que nos pueda pasar, arriesgandonos en el camino y si nos equivocamos, que nos lo hagan saber, pero sin la necesidad de escarbar más profundamente.

Fuentes:
1. https://www.planetafugaz.com/bienestar/disciplina-destructiva/
2. https://www.google.com/amp/s/www.aciprensa.com/amp/recursos/la-verdadera-autoridad-y-la-disciplina-294

Jose Dielma

Un comentario en «Disciplina, ¿La practicamos bien?»

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