El deseo de regresar a la tierra del nunca jamás

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¿Quién no recuerda esos tiempos en que todo era juegos, las sumas, las restas y las letras del abecedario?

¿Recuerdan aquellas mañanas del 6 de enero, cuando nos levantábamos y nos emocionábamos al ver ese regalo por el que tanto habíamos esperado?

Estaba en la ventana. O al costado de nuestra cama. Era divertido despertarnos temprano luego de estar varios días preguntándonos si los Reyes Magos recibieron o no nuestra carta, yendo y viniendo, tratando de conseguir agua y pasto para ofrecer a sus pobres camellos, para que se alimenten tras el largo camino que habían recorrido hasta nuestras casas.

En aquellos tiempos, la mentira y el dolor no existían. La idea de la muerte ni siquiera nos pasaba por la muerte y no sabíamos absolutamente nada acerca de los problemas familiares, ya que mamá y papá lo resolvían todo.
Vivíamos en plena libertad, no teníamos que preocuparnos por salir bien arreglados de nuestras casas y podíamos dormir largas horas sin que nadie se acerque y nos grite ¡HARAGÁN LEVANTÁTE PUES HACE ALGO!

M.C. Escher

Nos emocionábamos hasta por las cosas más insignificantes, nos sentábamos en el pasto mirando la luna y las estrellas, y pensábamos que la luna nos seguía a todas partes.

Nos poníamos eufóricos cuando a fin de año pasábamos de grado y nuestros padres nos compraban algún juguete como premio por haber aprobado los exámenes, y más felices aún porque estaríamos tres meses sin ir a la escuela: tan solo esa era nuestra preocupación.

A veces, es un ejercicio difícil mirar hacia la infancia, esos años mágicos en los que éramos felices siendo ingenuos e inocentes pero lastimosamente, en algún momento de nuestras vidas maduramos y aprendimos demasiado, y conocimos todo aquello que de chicos ni sabíamos que existía: el odio, la traición, la importancia del dinero por sobre las personas, etc.

M.C. Escher

Siendo niños estábamos siempre ansiosos por crecer, pero luego de hacerlo, finalmente nos damos cuenta que nuestra inocencia era un tesoro valioso ya que no teníamos la más mínima conciencia del mundo que nos rodeaba.
¡Si tan solo no hubiésemos tenido que crecer!

Porque hoy día, llevaremos la nostalgia de regresar a la tierra del nunca jamás. 

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