EL SUICIDIO – Obra de Émile Durkheim

EL SUICIDIO – Obra de Émile Durkheim

En la obra “El Suicidio” de Émile Durkheim se plasma la autoeliminación según cada país, cultura e incluso la religión, desde un análisis mental, neurótico, obsesivo, automático en la misma persona que padece este proceso. Por un lado, el autor nos habla de las “Disposiciones orgánico–psíquicas” (relacionadas al organismo humano) y, por otro lado, la “Naturaleza del medio físico” (entorno).

Podríamos dar origen al texto con una breve clasificación, tomada a partir de sus observaciones:

Suicidio maniaco: es un estado de inestabilidad, es la palabra que comulga con este acto. Si fracasa no se repite por un periodo de tiempo determinado.

Suicidio melancólico: es según el sociólogo una inclinación a la soledad, dolor con la vida, tristeza, depresión. Preparan su fin metódicamente, mientras que en el maniaco es un episodio.

Suicidio obsesivo: su guion de vida es la idea de muerte, la piensa, la siente, la anhela en cierto modo, podríamos decir que mira un cuchillo con cariño.

Suicidio impulsivo o automático: no tiene historial, aparece repentinamente, llevándolo al ejemplo, un sujeto camina peligrosamente al lado de las vías del tren y luego prueba el punto, es una fuerza que precede al pensamiento.

Cuando ciertos hombres se enfrentan a las masas, las ideas suicidas vuelven, por el contrario, viven sin sufrimiento cuando están con su soledad. Los hospitales psiquiátricos es el destino que le han puesto los cuerdos, siguiendo este hilo conductor, afirma el francés que la población en los manicomios es mayor en las mujeres que en los hombres en Europa, según Durkheim ¿Esto quiere decir que las mujeres se matan más? No precisamente, el hombre quizás logra su objetivo podríamos decir y la mujer trata de reintegrarse.

Durkheim plantea como tema la herencia, si ésta influye o no, es difícil saberlo. Saliendo del libro, hay un ejemplo que lo puede ilustrar mejor, el escritor norteamericano Ernest Miller Hemingway, siete miembros de su familia se han suicidado, incluyendo su nieta, entre ellos: un tío de su madre, una hermana de su padre, su hermano, su padre, incluyendo al escritor.

Imagen: “Thinker” (El pensador) - Bansky. Gaza. 2014.
Imagen: “Thinker” (El pensador) – Bansky. Gaza. 2014.

Por más miseria que exista en una nación, incluso en la mejor época de un país, donde sus productos como el trigo son bajos, hay decesos voluntarios. Derribando mitos el sociólogo, plantea la situación de personas solteras y casadas. El casado suele vivir a pesar de tener más preocupaciones, pero cuando la viudez llama al género masculino esta aparece.

La religión que tanto afecta a una comunidad disminuye el problema en cierto modo, quizás sea por la condena que atribuyen las mismas al que la realiza. Podríamos seguir con las clasificaciones: suicidios egoístas, altruistas, anómicos.

Egoísta: cuando los vínculos con la sociedad son débiles, puede ser la falta de una familia (soltero). Altruista: reducción del yo, poniendo por delante la nación, la comunidad, la institución, la religión. Anómico: se refiere a la falla en los valores sociales puede ser momentos de crisis, periodos de guerras.

Estos tres responden resumidamente a lo elaborado por el autor francés, además por medio de tasas y factores que marcan en el libro no solo un hecho individual, sino un hecho social. Diversas son las causas en cada comunidad, pero logramos identificar puntos en común, similitudes y diferencias. Se suma la integración como generadora de suicidio (sentimientos colectivos afectan al individuo), demasiada regulación, por ejemplo, por parte de un estado, también.

En conclusión, un pensamiento puede atormentar a cualquier sujeto, en algún momento de su vida el acto atraviesa su alma, una situación de crisis puede desestabilizarlo desde la economía, pasando por el mundo espiritual, hasta la ideológica, la lista continúa. ¿Cuál es mi punto? Una reflexión, un pensamiento continuo sobre un tema puede generar un punto de quiebre en la personalidad del sujeto, cuando la tristeza avanza, la soledad lo devora, la única salida que encontrará el suicida será la culminación de su vida, ya que eso que lo persigue, lo atormenta, a través de lo reflexivo o inconsciente nunca lo deja, la muerte voluntaria será la calma final para el sujeto.

Es el fin del camino, como describimos anteriormente, dejar de respirar no distingue géneros, pobreza o primer mundo, el dolor emocional pesa de una manera distinta, las marcas pueden ser físicas o no, pero el tormento, la angustia, van derritiendo la energía vital, hasta dejarlo seco al individuo. Todos estamos a un paso de la locura en cierto modo, el juego de máscaras sociales “Estoy bien”, cuando por dentro la destrucción es profunda, mostrar la sonrisa donde hay tristeza y lágrimas tiene un costo a largo plazo.  El suicidio no es una muerte, es el fin del sufrimiento que esconde una situación profunda.

Es interesante el punto de la religión: Dios. Siempre es un dilema. ¿El antepasado del hombre lo creó? ¿Lo creó un rey para mantener el orden? El espíritu nos lleva a creer, la vida sin amor, sin perdón, sin creatividad, sin imaginación, no es vida. La posesión de nuestro cuerpo nos pertenece, si la risa toma distancia, las manchas aparecerán, la mochila materialista podría afectarnos, no poseer un objeto genera deseo, el cual nos llama a avanzar, sin embargo, si el deseo persiste podría encaminarnos a un vacío. Nuestro cuerpo y mente es como un auto, habrá momentos en que no necesitamos nada, andaremos solo con un poco de combustible básico, sin embargo, habrá momentos en donde tendremos que ingresar al taller.

Hay un instinto que nos saca de situaciones y nos hace huir del teatro de la vida, la respiración, el movimiento, el latir del corazón, indica que se está vivo, por el contrario, no significa que sepamos vivir. Acusar a un suicida de cobardía es un acto irrespetuoso, la noche se asoma, los pensamientos aparecen, el equilibrio de la mente, la repetición de la rutina, el silencio del alma, un tono puede afectarnos, hacerse fuerte requiere coraje y quizás mecanismos de defensa, la exigencia es el principio, el juego de la vida lo aceptamos, el culpable, el preciso, los pasos, las vivencias, las luces de un mundo ajeno, el matrimonio, las costumbres, la piel, el temor a lo desconocido, fantasmas, rondan en nuestra mente, junto a ellas una leyenda de un Dios, un conquistador y una rebelión.

¿Qué tipo de virtud tenemos para juzgar estos actos? Se puede ser pobre acompañado de una felicidad y ser rico sin la misma, como habíamos mencionado. La felicidad quizás sea un concepto analizado superficialmente, sin embargo, debemos detenernos y preguntarnos si somos felices realmente con lo que han hecho de nosotros. El suicidio es un tema tabú en la sociedad, lo ignoramos, decidimos tocarlo por un acto de cercanía por lo general, debemos encarar el mismo como el bombero encara un incendio, tomando precauciones, paso a paso, eligiendo las palabras correctas y aplicando métodos tan simples: escuchar, hablar, sentir.

Cierro este apartado con dos preguntas: ¿Somos felices? ¿Por qué caemos?

Por Heber Javier Estrada

Referencias.

Durkheim, E. (2004). El Suicidio. Losada. Madrid. España.

Camus, A. (1994). El mito de Sísifo. Altaya. Barcelona. España.

-Canal GEOVANNY CAICEDO LOZADA. (10 de septiembre de 2015). Biografía Ernest Hemingway. [Archivo de Vídeo]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=rZK3lu5THrs&t=4856s

CNN En Español. (23 de enero de 2013). La «maldición» de los Hemingway llega al cine: una historia de «locura». https://cnnespanol.cnn.com/2013/01/23/la-maldicion-de-los-hemingway-llega-al-cine-una-historia-de-locura/

Real Academia Española. (Actualización 2021). Altruismo. https://dle.rae.es/altruismo

Imagen: “Thinker” (El pensador) – Bansky. Gaza. 2014.

 

 

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