El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Reflexión

La desazón es la única respuesta a la vida

Mi corazón me palpita al no saber dónde estás, solo vos sabrás donde fuiste y porqué, estoy segura que huiste por tu bien, por el bien de todos. O a lo mejor fuiste de vacaciones nada más, no sabemos, no es la primera vez que huyes, creo que eres el único que verdaderamente se atrevió a huir de sí mismo.

Todos nacemos y nos hacen pensar que debemos elegir algo en la vida, y sí, estamos destinados a tomar un camino, pero no sabemos por qué, todos nos dicen que debemos elegir algo, pero ni los que nos ordenan en la vida saben por qué se hacen las cosas, solo acatan la orden. Entiendo, es mucho más fácil acatar que cuestionar, menos estresante que buscar el por qué a todo. “¿Por qué?”

Naciste cansado, no sé, no podré adivinar nunca por qué naciste así, elegiste matarte en vida y vos sabrás por qué ¿a qué le llaman matarse en vida? ¿Perderse en las drogas o seguir correctamente las órdenes sociales y ser un obrero robot marcando hora de trabajo que nadie valora y dejarse machucar una y otra vez por las exigencias sociales? ¿A qué le llamarán matarse en vida? Tal vez buscaste castigar a alguien lastimando tu vida, buscaste decepcionar a alguien que tanto te presionaba y esperaba de ti que no te dejaba en paz o buscaste huir de algo malo que pasaste y no sabías como olvidarlo, entonces te olvidaste de tu vida y decidiste destruirla como se te cantaba, porque es tu vida y puedes hacer lo que quieras con ella.

Todos te dicen que debes elegir “algo” en la vida, como una lista de súper que debes seguir, ver el precio y la calidad, un juguete, un color, amigos, novias/novios, trabajo, estudios, estado sentimental soltero/casado, tener hijos, etc. Todos te lo dicen y ofrecen la posibilidad de vivir todo lo citado, pero solo lo que está en lista, si eliges fuera de ella, no está bien, sos bosta, sos vergüenza, inmundicia, no estás al nivel social requerido.

Vos elegiste no vivir nada, antes de nacer. Tal vez ya sabías lo que te esperaba, sentiste en el vientre todo lo desesperante que te aguardaba al entrar al mundo físico y decidiste no hacer nada, tal vez querías aprender a caminar, pero te caíste y simplemente ya no quisiste levantarte, porque caíste al suelo y ya no valía la pena reincorporarse, así viste la vida y no te importó la crítica de aquellos que sostienen “que puedes elegir lo que quieras”, supiste que la opción que te mostraban los demás, era cuento chino.

Siempre estabas en la luna, pero a veces en una suerte de cordura, el semblante de tu rostro cambiaba, por un momento eras igual a los demás, bajabas de la estratosfera, me mirabas y respondías cada pregunta que te hacía con tanta lucidez que me hacía olvidar que estabas muerto en vida, o al menos eso era lo que yo siempre pensaba de ti, tanto que me hacía dudar si era yo o los demás quienes estábamos locos y si vos eras el único cuerdo que se daba cuenta que todo era una farsa social, para ser aceptados en la multitud.

Tal vez todo esto sean puras conjeturas mías. Sé, hace mucho no sientes el calor de una mujer o el amor de una familia o el cariño y abrazo de tus propios hijos que nunca tuviste y ya no los tendrás, no te diste tiempo para elegir las mismas cosas que los demás, sino más bien, el desprecio y el vacío de la sociedad que te decía que podías escoger lo que quieras supuestamente y eso hiciste, preferiste no vivir la vida, aunque siempre me pregunto: ¿a qué le llaman vivir la vida? ¿Tener cuentas que pagar, comprar cosas, viajar y endeudarse y ver cómo vivir el resto del año, tener hijos malagradecidos o familiares abusivos e interesados, pero que para la foto se muestran contentos y felices?

A veces te miraba fijamente, estabas sentado en la muralla como todas las tardes, con los codos apoyados en la rodilla y un cigarrillo en la mano y otros dos detrás de las orejas, riéndote y hablándote solo, me acercaba y trataba de compensar ese momento que yo consideraba locura; con besos en tus mejillas, con abrazos y upas, porque sentía tu vacío de alguna forma, tu mirada desértica y tu expresión risueña, solo vos entendías que era gracioso, solo vos entendías tus palabras y tus cosas raras, todo el teatro que montabas, era porque ya estabas perdido para nosotros, pero de lo que estoy segura que si…si te sentías solo, pero ya estabas acostumbrado. 

Tampoco fuiste una blanca palomita, lastimaste, heriste y despreciaste, todos padecen detrás de uno por las decisiones que tomas, cuando uno se destruye así mismo es problema de uno, pero es imposible que sea así, tarde o temprano tus pares no pueden evitar sentirse acongojados y destruidos por cómo manejas tu vida. Cuando uno nace en una familia, tus decisiones, tus acciones o hasta las cosas que dejás de hacer, les afecta de alguna manera.

Ahora no sé dónde estás, la última vez que te vi, dijiste que ya estabas viendo para tu morada, para irte a morir en paz. Cuando alguien cercano está padeciendo una enfermedad, no es el enfermo quien se preocupa o quien sufre por su permanencia en el mundo, sino, los demás quienes atribuyen importancia a las locuras o padecimientos de uno, y aunque no lo quieran aceptar o no se dan cuenta, lo mantienen vivo para que agonice aún más. Para el enfermo la suerte ya está echada y no importa más nada, solo la ansiada espera de la dulce muerte que lo abrace con su manto de descanso.

Todos dicen a viva voz que no quieren ser una molestia de viejos y que prefieren morir antes de serlo, pero lo cierto es que no todos cumplen esas palabras y es entendible que no lo hagan porque tienen miedo, tienen miedo a la muerte.

Todos dicen que la muerte es algo natural de la vida, me pregunto si entenderán verdaderamente esa frase cuando la dicen ¿se escuchan cuando la dicen?  «Es algo natural». Pero cuando ven que alguien realmente ansía la muerte, lo juzgan, lo contradicen, lo reprochan mencionando que dios es el único ser del universo que decide si tú debes morir, pero al mismo tiempo, en las escrituras se explica que dios nos dio el libre albedrío.

Entonces ¿uno no puede irse de este mundo cuando quiera? ¿Tiene que pasar sus últimos días en la Tierra postrado en una silla de ruedas o cama, debe ir arrastrado por la vida, agonizando con sus enfermedades o problemas hasta que su corazón y tu alma digan basta “de forma natural”? ―Hasta para morir hay una estructura social que seguir―.

Vos con tu maltrecho cuerpo esquelético, arrugado y desgastado no te interesó para nada romantizar la muerte y acostarte en la cama con tus familiares alrededor, despidiéndote de a poco, simplemente ahorraste los momentos y hasta podría decir, hasta el sepelio; porque como siempre, nunca te importó nada. Pienso que sabrías que le pasaba algo a tu cuerpo y por eso, huiste para volverte polvo nuevo.

Tu acto de huida, aunque no te des cuenta, inconscientemente es tu acto de amor hacia quienes te soportaron toda la vida, tu huida y camino a la muerte evitando todo el acto ceremonial de un velorio estoy segura que es el deseo más ansiado por aquellos que yacen postrados en una cama viendo si en algún momento el techo cambia de color, por aquellos que dependen de alguien para cada movimiento de su cuerpo, hasta lo más íntimo. Hiciste lo que cualquier enfermo quiere hacer: huir.

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