La Villa del Maestro [Primera Parte]

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Reportaje realizado por Camila Vega, en exclusiva para El Parlante

Durante las décadas de los 60´s y 70´s, en pleno régimen dictatorial en el Paraguay, un grupo de maestros sanlorenzanos tomó la posta de la acción y se lanzaron en búsqueda de una mejor calidad de vida con un proyecto que abarcaría a todo el espectro de la docencia.

Nacía la “Villa del Maestro”[1], un sistema innovador con el que cada paraguayo dedicado a la noble profesión del magisterio podría contar con techo propio; con el paso del tiempo se convertiría en un símbolo de lucha y resistencia de aquellos que querían «Educar para la Libertad».  

“En la educación la pregunta es fundamental para la creación y el cambio”[2].

Archivos de la biblioteca municipal de San Lorenzo.

El Inicio

Todo empezaba en el año 1956, el Instituto Juan Bautista Alberdi de San Lorenzo abría sus puertas a la ciudadanía. Fundado por los docentes Martín Almada y Celestina Pérez de Almada, el centro de estudios inició con cursos de dactilografía e inglés y debido a su éxito se había convertido en un Instituto de educación primaria técnica y profesional.

Ya en los 60, sucede algo que cambiaría el rumbo del Instituto Alberdi. En una reunión, un sacerdote y profesor de la Universidad Católica de Asunción de apellido Páez obsequia el libro de Paulo Freire, “Pedagogía del Oprimido”, al entonces director Martín Almada.

Gracias a estas ideas de educación liberadora, el centro educativo se distinguiría de los demás por aplicar la “democracia en el aula” en tiempos de dictadura.

El Termómetro Escolar

Un cuestionamiento periódico del director y de los profesores mediante una herramienta de evaluación a la que llamaban “termómetro escolar” fortalecía en ese entonces los principios de educación liberadora y de democracia en el aula, donde alumnos y docentes aportaban ideas para una mejor convivencia tanto en clases como en la sociedad. 

Archivos de la biblioteca municipal de San Lorenzo.

Según el maestro sea autoritario, permisivo o democrático, los alumnos lo calificaban por parámetros tales como la competencia, la capacidad de diálogo, el desarrollo de la imaginación y la creatividad, la capacidad de vincularse con la comunidad y otros ítems, de manera a detectar la “temperatura” áulica. Era una escuela basada en el diálogo. 

 “Criticar, desmenuzar la cultura transmitida por la escuela para poder recrearla a la luz de nuevos valores.”[3]

Más allá de una crítica al docente, el “termómetro escolar” buscaba generar conciencia para que cada niño, joven y adulto (en el caso de los maestros) reflexionen sobre la realidad educativa y social en la que se hallaban inmersos y puedan buscar, mejorarla. 

La problemática de los maestros y el despertar de la conciencia

El Instituto Alberdi se alzó como un espacio de oxigenación de las ideas ante una extremada censura a la participación y la expresión que fueron cortadas de raíz. Toda opinión que era reprimida o perseguida se convirtió en el ejemplo válido del miedo que tenía la ciudadanía a expresarse libremente, un miedo que desembocó en la autocensura del pensamiento.

Lo que hacían era desestructurar todo proyecto que apuntara a un desarrollo equitativo, un desarrollo con justicia social. Era en ese entonces (años 60’s, 70’s) la estrategia de no tener estrategia del gobierno de Alfredo Stroessner”, comenta el maestro oriundo de San Lorenzo, Eugenio González.

Más allá de las convicciones con las que pudieran coincidir los maestros, éstos compartían un sueño debido a la problemática salarial que los aquejaba: el de “Un techo propio para cada educador paraguayo”.

Fácilmente sabíamos que lo que ganábamos por las cátedras que ejercíamos (sobre todo, aquellos que ejercían por horas cátedra o de doble turno) no alcanzaba ni siquiera para pagar un alquiler. Imagínense que después del 89, ya casi como un intento de reivindicación del maestro, por primera vez en la historia de la educación paraguaya el docente paraguayo gana el sueldo mínimo”, sigue comentándonos Eugenio González

Archivos de la biblioteca municipal de San Lorenzo.

Lo que se buscaba con el proyecto “Villa del Maestro”, era devolver la dignidad al educador paraguayo, debido a su gran labor de guiar a futuros ciudadanos.

En las próximas entregas abordaremos más testimonios y documentación sobre esta notable actividad en tiempos de la Dictadura.


[1]Este reportaje abordará principalmente los aspectos esenciales y primarios de la formación de la Villa del Maestro, así como testimonios de maestros que participaron de aquel proyecto, que este año cumple 64 años, desde la primera vez en que abrió sus puertas a los interesados en participar de la mejora de la calidad no solo de la vida de los docentes paraguayos sino de la calidad de la enseñanza en los educandos.

[2]Dr.Martín Almada en su libro “Paraguay la cárcel olvidada, el país exiliado”.

[3]Dr.Martín Almada en su libro “Paraguay la cárcel olvidada, el país exiliado”.

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