El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Reportajes

Vencer al cáncer es volver a nacer

“Baja, entubále. 4, 5. Baja. Rápido, esto ya iniciamos y va rápido” fue lo último que escuchó… 5 horas después despertó, pero, sintió morir una vez más, y a su lado su apoyo incondicional, su hija, gritando “vos podés mamá, vos podés. Yo te necesito, mamá. Te necesito”. Digna es sobreviviente del cáncer de mama, pasó por 27 quimioterapias. Fue diagnosticada a los 47 años. Hoy, 3 años después, no solo le ganó una guerra al cáncer, sino también al miedo.

Oriunda de Villarrica, Ñumi, Digna Cáceres vino a los 17 años a la capital con la intención de estudiar escribanía. A raíz de un accidente, tiene 2 clavos en la pierna, por lo que en ese entonces, algunas cosas costaban realizar. Su papá le dijo que regrese a su pueblo; era muy pequeña y la ciudad no era para ella, lo mejor era que vaya a estudiar medicina porque eso había en Villarrica.

Regresó, estudió farmacia y comenzó a emprender. Se dedicaba a vender remedios y ella misma elaboraba sus muebles. El arte comenzó a despertar en ella. En sus ratos libres elaboraba manualidades y también las vendía, sobre todo en fechas especiales. Así fue trazando un camino como artesana. Tenía cursos de arte, pero no el título para ejercer la profesión, entonces volvió a la capital ya con esa intención y esta vez el apoyo de sus padres.

En marzo de 2019, se cumplieron 25 años de docencia. Su sueño de enseñar y transmitir pasión por el arte, fueron realidad. En todo ese tiempo, la vida le ha golpeado duro de diversas maneras. Pasó por un divorcio y se encargó de criar a sus dos hijos sola. Con los años siguió atravesando y superando obstáculos, pero en abril del 2016 le esperaba una nueva lucha, y quizás la más difícil: cáncer de mama.

La cara del médico delataba que las cosas no iban bien. “Allá está la aguja con la que hago la punción. Directo, rápido se te tiene que hacer porque esto no es para jugar ni para asustarte, pero es para ocuparte y rápido”, indicó el doctor, que aseguraba que las características no eran buenas. Al salir del hospital, el miedo comenzó a apoderarse de ella. Dolores, temblores, vómitos… el miedo comenzaba a hacer efecto. Era un proceso asimilar, hasta que pasó un mes y entendió que ya no podía esperar.

Es como una pistola, te meten por el seno y te perforan, duele. Justo perforan donde está la tumoración. Después meten la aguja, luego ya no se siente. Me sacaron 6 muestras de las cuales una dio positiva”.

Digna recuerda que ese abril, mes de su cumpleaños, costó dimensionar todo lo que estaba atravesando. El 15 de mayo, día del cumpleaños de su mamá, todos estaban alegres, compartiendo. Pero ella guardaba su dolor. “Cuando sabes es desesperante, vos no te sentís bien, no creés más ni en la gente, yo no quería rezar más, me entregué, era como morir; morir en vida

Una amiga muy cercana, sabía todo lo que Digna estaba pasando y la acompaño al momento de retirar los resultados. Con el pasar de los días, su hija insistía en saber qué arrojaron los resultados. “Carcinoma ductal infiltrante nivel 2”. Digna no sabía mucho de lo que ocurría, la confusión también se hizo presente, pero en ese momento lo supo todo del terror.

Imagen ilustración. Cáncer de mama. Fuente: la razón

Saber sobre el cáncer y la cirugía: los dos momentos más difíciles

“El haber sabido el resultado de la biopsia y la cirugía fueron los momentos más difíciles. Durante la cirugía sentí que todos hablaban y yo no podía hacer nada porque ya estaba toda electrificada. Estuve al borde de la muerte”, recuerda.

Cuando entré en cirugía quería gritarle al doctor “yo siento, yo siento, por favor doctor, me duele demasiado” sentía que me pinchaban, pero estaba electrificada, era una sensación como a un paso de la muerte.

Antes de la cirugía tomé dos remedios, ambos dobles y no le quise contar al Doctor para que no me pospongan la cirugía una vez más, y con la anestesia bajó toda la presión. Gritaba la enfermera ‘baja, baja, está en 4, 5’ Es lo último que escuche. Ahí el doctor le dijo –a la enfermera– ‘entubále, entubále, rápido, rápido, ya iniciamos esto, esto va rápido, rápido’… No sé qué más gritaban”, sigue.

“(…) Cuando me desperté tenía el tubo en la boca, estuve 5 horas ahí. Cuando me desperté alguien me dijo “hola señora Digna, cómo estás” y me tocó el rostro. Y ahí alguien dijo que me saquen el tubo porque ya estaba bien. Pero al instante sentí que volví a ir. Y a mi lado mi hija, gritando ‘vos podés mama, vos podés. Yo te necesito, mamá. Te necesito’, exclamó entre gritos”

El regreso a casa

Después de toda esa tormenta, después de sentirse morir, el regreso a casa parecía lo mejor, pero la batalla apenas comenzaba.

Un día, después de regresar del hospital a la casa, Digna rompió en llanto. Su hija la encontró en esa situación y angustiada preguntó:

– ¿Por qué llorás mami, por qué llorás? Pero su Madre se limitó a contestar, seguía sollozando.

– Mami, vos estás sintiendo que no tenés tu seno y por eso llorás.

En ese momento su hija se tiró sobre ella, y entre lágrimas –pero con mucha valentía – tocó el pecho de Digna y dijo: ‘Si ese es tu problema, mami ¡Yo me quito el mío y te pongo acá para que vos me vivas más! Yo no puedo sin vos, mami’.

Fue en ese momento que Digna pensó y decidió que el no tener un seno o cabellos no eran motivos para rendirse. Entre sus recuerdos del regreso a casa, no olvida una grata visita: la de su hermano.

“Una vez vino mi hermano y yo ese día lloré mucho. Él me pregunto: Digna ¿por qué lloras?»

Le dije: «vos sabes que yo ya pongo una toalla debajo de mi cabeza para dormir porque mi pelo ya se cae».

La solidaridad no acabó en medio de su lucha

Valiente, alegre, de gran corazón… muchas palabras describen a Digna y cuando se trata de enfrentar un golpe tras otro, quizás, el corazón podría volverse duro. Pero este no fue el caso de ella, sino que con más razón abrazó su realidad para poder animar a otras mujeres a realizarse estudios y que puedan detectar el cáncer en sus inicios antes de que sea demasiado tarde.

“Cuando iba para la quimio, yo no hablaba mucho con las personas, porque cada historia es diferente y cuando vos escuchás que alguien recayó, que hizo metástasis en 10 años, que le apareció en el otro seno, entre otras historias, te bajonea. Entonces preferí no hablar con muchas personas. Pero había historias imposibles de no escuchar, como la de una mujer de Pilar gritando en los pasillos ‘háganme mi quimioterapia, ya me quiero ir’. Otra de Villarrica, Hohenau, y tantas otras ciudades. ¿Te imaginás un viaje de horas, sola, en ese estado, quizás sin suficientes recursos? Me daba cuenta que yo tenía todo”.

Digna decidió acoger a una mujer que no conocía, para que esta realice sus quimioterapias con más tranquilidad. En ese momento también animó a otras para que se realicen estudios a tiempo.

“Yo volví a nacer, nadie es tan fuerte como cuando se te pone una prueba y vos tenes que saltear. Hago lo que pueda también por otras mujeres”, concluyó.

Una verdadera lección: Enfrentar con valentía nuestra realidad

Fuente: Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social

La relación entre paciente-oncólogo, es para toda la vida. Digna todavía sigue sus controles, tiene sus medicamentos y cuidados especiales. Trabaja realizando manualidades, y no sólo ella genera un pequeño ingreso de esa manera, sino que detrás también ayuda a otros artesanos, quienes le proveen de algunos materiales. Eso, sobre todo, es lo que alegra su corazón: saber que todavía puede hacer algo por los demás.

Digna insiste en que las mujeres deben derribar mitos, miedos, y realizarse los debidos controles constantemente, aprender a palparse los senos, informarse, no ignorar lo que el cuerpo presenta; ya que detectar a tiempo ayuda a un tratamiento eficaz.

Según estadísticas del Ministerio de Salud y Bienestar Social, se registran un total de 1.4 mujeres que fallecen diariamente o tres mujeres cada dos días por cáncer de mama. El cuerpo avisa cuando algo está mal, hay que explorarse y no ser parte de las estadísticas, y vos, ¿ya te hiciste tus controles?

Corrupción e indiferencia: el peor cáncer de esta tierra guaraní

Por último, y a modo muy personal -de quien escribe-, me gustaría mencionar que el peor cáncer y al que parece imposible hallar cura, es la indiferencia de quienes tienen el poder de invertir más en salud pública, pero lo ignoran. Quienes padecen de la enfermedad y conocen cara a cara al cáncer, no solo se enfrentan a quimioterapias, radioterapias, y un montón de tratamientos y medicamentos, sino que –además- tienen que luchar contra el abandono por parte del Estado, y me cuestiono ¿tendrá el Estado alguna terapia, o su cáncer de indiferencia es eterno?

Una de cada ocho mujeres corre el riesgo de sufrir cáncer de mama, lo que posiciona a esta enfermedad en el primer lugar entre los tipos de cáncer en mujeres, seguido por el del cuello uterino.

El Instituto Nacional del Cáncer recibe a pacientes de todo el país, hay médicos que se esfuerzan bastante por salvar vidas, pero existen muchas limitaciones. No se cuenta con suficientes medicamentos y los que hay tienen un costo muy elevado, pudiendo tardar meses en adquirirse, mientras el cáncer avanza en el paciente.

A todo esto, se le suma el mal estado de las salas, donde varios pacientes comparten un solo cuarto, y tampoco se toman las medidas necesarias para conservar el buen ambiente. Por una internación pueden pasar meses de espera, aguardando disponibilidad de una cama (o si fueras conocido “de fulano”, amigo de “mengano”, mágicamente aparecen camas). El cáncer no espera, no puede… pero en el país los del Estado creen que sí espera.

El cáncer es prevenible, pero el número de muertes va en aumento, debido –la mayoría de las veces–a la sanidad de terror, que desnuda una y otra vez el déficit de salud pública en el país.

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