El Parlante

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The Last Dance: El Legado de Su Majestad Michael Jordan

The Last Dance fue estrenada en la plataforma Netflix, dicho sea de paso, una moda el streaming actualmente que prácticamente monopoliza todo el volumen ingente de cine, series y documentales denominados «Independientes» o simplemente «Off-Hollywood» que no pasan de ser una moda impuesta para los consumidores ávidos por degustar estos menesteres de distinto índole.

En esta serie documental se avisaba con un año de antelación al público interesado, fans y amantes del básquetbol que trataría sobre el último anillo de los Chicago Bulls antes de la destrucción inevitable de la franquicia más ganadora de fines del siglo pasado. Desde un comienzo los aficionados a la NBA sospechaban o intuían, con razones más que suficientes que dicha serie que con bombos y platillos se alzaba como una genialidad venidera no hablaría de otra cosa más que del gran Michael Jordan y nada más que él, pues debemos ser sinceros, lo que lograban los Bulls en su regreso del retiro y las vacaciones en el Béisbol con el segundo Three Peat era histórico, único equipo fuera de los Celtics y los Lakers que conseguirían dominar una década, algo así como lo hicieron los Spurs de Popovich o hasta hace poco, los Warriors de Golden State que superaron la marca de los Bulls de las 72 victorias y 10 derrotas.

Michael Jordan apostó en este documental como quien apuesta su vida a cualquier cosa que pueda representar un gran peligro, esta gran apuesta significa que las nuevas generaciones deberán tomar conciencia de cómo se fue transformando la NBA durante todo este siglo, las nuevas reglas, los jugadores que ahora se quejan de cualquier cosa, que son tratados como si fueran jefes de estado, cosa que antes era imposible pensar.

Rodman, Pipen, Jordan, Harper, Kukoc.

El documental sobre los Bulls representa la vida del más grande deportista del siglo veinte quizás, empatado con el gran Muhammad Ali, en un peldaño arriba o un peldaño abajo, pero sin dudas, dos de los mejores exponentes del deporte en todas sus disciplinas, ya que no solo representaron la revolución en las especialidades donde brillaron sino también una revolución en la forma de hacer marketing, en la forma de diseñar todo lo relacionado al deporte y la publicidad, reina madre de las ventas multimillonarias.

Ciertamente, este documental no pudo haberse estrenado en mejor momento, tal vez la pandemia de coronavirus produjo su efecto positivo en la serie, ya que de no ser por ello, ahora estarían preocupados en las finales de la NBA y la opinión pública no le hubiera dado la importancia relevante que se merecía tamaña apuesta de la cadena y Jordan.

Una liga que recuerda con tristeza sus mejores épocas, ya que ahora, deambula entre lo mediocre y lo estrafalario, ya que no hay verdaderas estrellas, hacen que una historia como la que fue contada en The Last Dance supere todos aquellos grandes y memorables documentales de la NBC y de la ESPN, recordando fantásticos equipos y campeonatos extraordinarios, grandes rivalidades y no menos gloriosos jugadores que dieron el giro a la NBA, Dr. J., Magic, Russel, West, Abdul-Jabbar, Isiah, Moses y Karl Malone, Stockton, Pistol Pete Maravich, y la lista es larguísima; cada uno de ellos, han logrado que la Liga sea tan renombrada hasta la primera mitad de este siglo.

Jordan junto al menor reboteador de la historia de la NBA y Hall Of Famer, Dennis Rodman.

Pero luego de este gran progreso debía darse indefectiblemente la debacle, desde que el comisionado David Stern, que este año nos dejó, despidiéndose de la ceremonia del Draft de la mano de su primer jugador Hakem The Dream Olajuwon, la mejor liga del mundo fue cayendo en un abismo del cual no ha sabido sobresalir.

En esta situación, se debía parar la pelota y ahondar en la historia del deporte y la magia que eclipsó a todos los grandes del pasado y logró poner al básquetbol de la NBA que en los años setenta era apenas uno de los cuatro deportes grandes de Estados Unidos, detrás de la NFL, la MLB e incluso un peldaño debajo de la NHL, en popularidad para hacerlo ser en los años noventa el segundo en popularidad y en ganancias detrás del fútbol americano; es cierto, gracias a Bird y Magic y los Bad Boys, pudo Jordan emerger y llevar a otro nivel nuestro querido basquet, y es que como Sir Isaac Newton, un verdadero genio debe asentarse en los hombros de gigantes; eso exactamente ha pasado con Michael Jordan, aquella luz de North Caroline, ese jovenzuelo que ni bien llegó al parquet de los perdedores Bulls, alcanzó el estrellato ni bien tocó el primer balón.

Ese monstruo que volaba como el Águila según nos acordamos los memoriosos de la gran música creada en su honor del cantante Seal. Él re-construyó la franquicia junto a Jerry Krause, un personaje de novela que aportó muchísimo para la primera época de los Bulls, Primero Doug Collins a quien recordamos con cariño por su gran carisma y su energía desde el banco, y luego a Phil Jackson, que estuvo desde la temporada 89-90 hasta el 1998 pero siendo asistente de Collins, y Tex Winter, el ideólogo de la estratagema del triángulo ofensivo que tantas victorias otorgó al maestro zen Phil. Con solo recordar las transmisiones de Marv Albert en los años noventa nos damos cuenta de la importancia de toda esta generación de jugadores y técnicos.

Cuando Jordan se retiró para mí fue una gran decepción, más aún cuando decidió irse a los Wizards, (antes eran los Washington Bullets), un equipo que había caído dentro de la inversión de su Majestad para conocer el negocio desde todos los ámbitos, alguien como él podía darse ese lujo. De todas formas, el ocaso de la NBA parecía ser cosa del pasado cuando Kobe Bryant, Shaq y Phil Jackson ganaban un tri campeonato solo un año después del último en hilo de los Bulls.

Pero no era lo mismo. se había retirado el mejor jugador de la historia, eso lo sabían todos pero es materia para otro documento. Sin embargo algo se sentía principalmente en murmullos desde la temporada 96-97, Jerry Krause se hacía el desentendido, no quería saber más nada de estos personajes que se llevaban todos los laureles sin otorgarle nada a él. Ciertamente, lo que avisa Jordan en este documental al recordarlo de mala manera es simplemente su impotencia al reconocer que no tuvo el suficiente poder como para evitar la desintegración de los Bulls. Krause al final se llevó la mayor de las victorias, destruyó a los Bulls, y eso nadie me quitará de la cabeza, por más que otros salten histéricos ahora a reclamar que Jordan se haya recordado de mala forma de un muerto que no puede defenderse a estas alturas, pero es lo de menos para mi, lo importante son los hechos, y ellos nos cuentan que Jordan no siguió en los Bulls primero porque Phil quería descansar y otro, porque Pipen reclamaba mejora salarial o ganar más que el propio Jordan, no era un secreto, se sabía todo este intríngulis desde que Jordan se retirara. Kukoc también puede decir lo que quiera, nadie puede reclamar nada a su majestad.

Pipen y Jordan, una dupla explosiva y ganadora.

Mucho han aprendido con este documental las nuevas generaciones, desde cómo un jugador se hace y se convierte en realidad en la NCCA primero, y luego en el juego profesional, las tentaciones, el éxito y el profundo abismo que separa a los que tienen fortuna y aquellos que por lesiones, deben colgar los championes antes de tiempo. Los números de Michael a estas alturas, son poco más que anécdotas, el ser humano Jordan es el que se entreteje minuciosamente para los no entendidos, para aquellos jóvenes que solamente vieron a LeBron James o Stephen Curry como los máximos exponentes de una época plagada de mediocridad en la NBA.

Recordar el antes siempre es iniciador de nostalgia, y es que es casi imposible que se repitan esos jugadores que llegaron a estallar en la década del ochenta del siglo pasado, ellos son el antes y el después, pero las críticas que recibe el documental de propios y extraños de la Liga como Hodges, Grant, Harper, King y hasta Pipen (y más aún Pipen, quien traicionó a toda la afición de Chicago al irse por unos pesos de más a Houston y luego a Portland; su deambular sin pena ni gloria por estos equipos fue la respuesta a su actitud lamentable; más aún Pipen que con su actitud arrogante perdió la serie con los New York Knicks) son realmente asqueantes, simplemente demuestran que la envidia no es un atributo de unas pocas sociedades sino de todo el mundo, criticar a alguien que los pone al tapete de las nuevas generaciones, jugadores hoy olvidados por los millenials y centenialls deberían agradecer que este documental vio la luz y si Jordan es el principal productor de dicho documental es lógico y hasta obligatorio que se deduzca de la historia lo necesario para realzar el verdadero esfuerzo por perdurar en el tiempo como alguien que sabe y supo siempre, cómo aprovechar la oportunidad para hacer publicidad de su propia persona; alguien que después de retirarse continuó siendo uno de los deportistas que más dinero ganaban al año y que se mantuvo como el más ganador por más de doce años en el mundo hasta la era Tyger Woods que logró superarlo con creces.

Póster de la icónica jugada de Jordan para los Bulls ante los Jazz de Utah en el último cuarto del sexto partido de las finales del año 98. El último baile de Jordan.

Por lo demás y decir que Krause prácticamente fue el que creó al quinteto más ganador de Chicago es una falsedad aberrante, Krause fue buscando a los mejores en sus puestos pero la columna vertebral siempre fue Jordan, el único jugador que pudo entender la filosofía de juego de Phil Jackson y la visión elevada de tácticas de Winter; nadie ahora se acuerda de la soberbia de Krause por ejemplo, es notable, todo el mundo quiere criticar a Jordan por atreverse a contar su verdad. Quien no haya seguido en los años noventa la NBA no sabrá precisar si se dice la verdad o se miente, porque lastimosamente no vivió ese momento. Incluso podemos mencionar a Sam Smith, alguien embebido de los Bulls de aquella época dorada pero hasta él se queda corto, flogísimo es criticar lo que ha dicho Jordan, decir que ha mentido descaradamente, pero Sam Smith se olvida que nadie le obligó a callar por tanto tiempo; ¿o es que solamente ahora que terminó The Last Dance, es más fácil criticar? Saquen sus conclusiones.

Además, los jugadores que se fueron uniendo a la plantilla de los Bulls a medida que Jordan iba ganando confianza y arrasaba en el liderato de anotaciones por temporada y en postemporada que solo fue eclipsada una sola vez por el gran Dominique Wilkins, único que le pudo ganar una batalla de clavadas en el juego de las estrellas, en fin, sirvieron para complementar el gran plan de Jackson y Winter y es más, reforzaron la capacidad de Jordan cuando los Bad Boys aplicaron una y otra vez la «Jordan Rules» para contenerlo pero se olvidaron que un equipo de baloncesto se trata de cinco jugadores, ello hizo posible que Jordan subiera de nivel y entendiera que él solo podía meter todas las noches más de 50 puntos pero nada de eso serviría si el equipo no se llevaba la victoria o el anillo.

Parecería que los jóvenes de hoy no entienden que el deporte implica mucho más que creatividad e imaginación, disciplina y responsabilidad, tener actitud ganadora y nunca claudicar, en síntesis, tener la voluntad de poder hacer cosas extraordinarias, ello implica la competición y más aún, la alta competencia, donde todos son súper atletas. Jordan es el súper hombre de Nietzsche, el Príncipe de Maquiavelo y el hombre que supo alejarse de las polémicas y de las nimiedades que destruyen hasta a los mejores en sus campos respectivos, no es fácil el camino que hay que recorrer, el sacrificio va más allá de ser un crítico de aquellos que lo hacen. Porque el exitoso siempre tendrá peros, y los que nunca han ganado nada, siempre tendrán la razón. Así es la ley de la selva.

Porque una cosa es ser parte del problema y quedarse en casa a criticar lo que se pasa por TV pero otra cosa, enfrentar la realidad, la adversidad y apostar por decir lo que uno piensa y lo que uno cree debe decirse sin importar que pueda dolerle a los demás lo que uno declare, he allí la grandeza de Jordan, reconocer que para ganar hay que saber ser egoísta y soberbio, y reconocerse como tal. La voluntad de poder sorprende a los ilusos y a los desprevenidos pero no a los que dejan huellas reales, plausibles, verdaderas, originales, auténticas.

Por estas cosas y por otras Jordan será siempre el GOAT, el mejor de la historia porque se atrevió a dar el paso necesario, apostó mucho y ganó en consecuencia, muchísimo.

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