Comandante Papucho, supremo jefe de las fuerzas armadas de la sinrazón, olisqueando esfínteres cargados de mierda en el Congreso Nacional de Pelotudonia

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Hace unos días, (el jueves pasado específicamente, o antes o después a nadie le incumbe) se ha rendido pleitesía y homenaje a un querido y simpático personaje de nuestra política criolla, estamos hablando nada más y nada menos que del autoproclamado Comandante en Jefe de las FF.AA. y “virtual” Presidente de la República de Pelotudonia, Papucho, la Bola de Laíno o simplemente Domingo, otrora baluarte caudillista del malogrado partido liberal radical auténtico, que de auténtico tiene solo el nombre, recibió una condecoración, premio, presea, victoria alada en los pies de fieltro de Payo Cobos, con alguna que otra pizca de mierda recién cagada de Brad Pigberto, y ni corto ni perezoso, se volcó a recordar sus peripecias como político y sus andanzas como zombi en esta Land of Unconsciousness.

Nada interesante que merezca mención se puede entresacar del discurso pererí del Comandante Papucho, ejemplo vivo más eminente de la inutilidad de la oposición en esta Republiqueta bananera y perspicaz a la hora de atollar a sus conciudadanos en las oscuras mazmorras del analfabetismo funcional pero algo ha quedado a la sazón, para darle esa curuvica de irrisoria hilaridad a un Congreso plagado de cobayas intoxicadas de pleonasmos trasnochados, de tal forma a embellecer con sus palabras grandilocuentes de pésima gestión con atisbos de vómito empaquetado y salivazos que se parecen a luciérnagas travestidas en el océano del caos primigenio.

Papucho se encendió, más que su propia nariz de mentiroso adosada con las últimas gotas de alcohol, mártires testimoniales de hasta dónde ha caído nuestra politiquería fantoche, de ser líder de la oposición, escudado supuestamente en ideas liberaloides a ser años después, un rastrero y patético defensor de la barbarie marxisto-socialistoide de esta gran Nación Pelotudonia.

Y así este supremo acto de valentía por parte de los pelotudonios congresistas pasó desapercibido completamente, lo que dijo el Comandante Papucho, al olvido más completo, ya que a nadie le interesó ni le importó lo que expresó este espécimen más mediocre del caudillismo mediocratizante de este paisucho de cuarta.

Todo el mundo, los pelotudonios, los neptunianos, aquellos miembros de la prensa amiga y enemiga, los oportunistas con posgrado en amarillismo y periodismo “rojo” se enfrascaron en la redacción de artículos referentes no al acto en sí, sino al enfrentamiento directo dialéctico/politroquista entre los dos pesos pesados de Pelotudonia: Payo el Fantoche Cobos y Brad Pigberto.

Ambos los dos, fueron y vinieron, llegaron y luego se fueron a los topetazos lingüísticos de la peor calaña, propios de ellos, después de todo, ¿qué se les puede exigir a estos impresentables y nefastos camaradas de ladronería de guantes blancos? Porque ellos no roban dinero, no señores, nos roban algo peor y esencial en la vida existencial del mainstream pelotudista: “LAS ESPERANZAS DE PROGRESO, tanto intelectual como social”.

Entre estas duras idas y vueltas de la metalingüisticidad fascista, ya que el fascismo no impide, sino obliga a decir lo que se tiene que decir en el momento menos indicado, se regodearon de su hombría y su pura inexistencia de caballerosidad u honorabilidad, se olieron como dos perros callejeros las respectivas colas llenas de mugre y garrapatas, para saberse “dignos” de la pelea posterior, ambos los dos quedaron sin esfínteres, pero el que quedaba con el pedazo más grande en la boca, debería resultar ganador de esta extraña competencia de estos pantagruélicos hombres casados con la moría y que nos legaron los peores hijos deformes y bastardos con más gloria que pena, que actualmente deambulan como planilleros por la zombiland arrastrando sus yugos de oro en el medio de la pobreza, la hambruna y la recesión.

El Comandante Papucho, quedó satisfecho con su discurso, nadie lo escuchó, nadie pensó en él, que es el más digno representante de estos cien pies humanos, unidos en un famoso símbolo milenario como la serpiente enrollada que muerde su propia cola, unidos ambos, la boca de Brad Pigberto al culo hemorroidal de Fantoche Cobos, y éste, cocido en el culo del primero; qué satisfacción, qué alegría, qué genialidad, la gran Madre Naturaleza que pare a sus hijos defectuosos cerca del acantilado del Monte Taigeto, pero con una ligera diferencia, los no aptos son salvados, los aptos son arrojados desde lo alto, porque acá no podés tener éxito, no tenés que ser eficiente, no tenés que ser patriota, todo ello está mal, lo que debés hacer pibe es simplemente ser como nuestros grandes dioses del Olimpo de Pelotudonia, mejor si sos analfabeto funcional o más bien, funcional a la lamida de culos y botas.

Comandante Papucho junto al Comandante Fidel.

Rastreros animalejos estos que obnubilaron a los presentes con sus dimes y diretes de viejas chismosas e histéricas madamas de lupanares de mala muerte cuando los policías van a cobrar las coimas para seguir operando. Estos pelotudonios nos enseñan todos los días cómo uno debe triunfar en Pelotudonia, haciendo lo peor, mostrándose barbáricamente, con sus instintos más básicos demuestran lo que son:  

PERFECTOS Y DIGNOS HIJOS DEFORMES Y NO APTOS DEL COMANDANTE PAPUCHO, HIJOS DE LA DEMOCRACIA, MÁRTIRES DE LAS VOLUNTADES DE OTROS…CON UNA SALVEDAD PRIMORDIAL: Nunca se los comió como el dios Cronos, porque no tiene dientes para hacerlo.

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Gabriel Ojeda

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