Eporandúna Bunge maembo

Eporandúna Bunge maembo

Cumple 100 años el filósofo de la ciencia y físico Mario Bunge.

Del joven Bunge se pueden quitar muchas enseñanzas, practicamente sintetizó todo el conocimiento epistemológico en su gran obra monumental «La Investigación Científica«, y en otros ensayos posteriores como «Filosofía de la psicología» (junto al doctor Rubén Ardila).

El problema mente-cerebro: un enfoque psicobiológico es otra obra que refleja la búsqueda intelectual de Bunge a lo largo de su extensísima carrera científica además de otros como «La ciencia y su método» y el trabajo breve pero no por ello menos importante: «Epistemología: Curso de actualización«, todas estas obras están presentes en la Biblioteca Nacional de la Universidad Nacional de Asunción para los que quieran introducirse en este fascinante campo de la filosofía de la ciencia. Antes de seguir podemos recomendar las obras Sociología de la ciencia y Las pseudociencias ¡vaya timo!

El filósofo y profesor argentino Mario Bunge, fotografiado en Madrid SAMUEL SÁNCHEZ

Sin embargo, así como Wittgenstein, Sartre, Heidegger, Jung o Popper hay otro Bunge, «el viejo» que fustiga a la filosofía de los existencialistas nombrados de manera categórica o hasta patotera; también no duda ningún instante en coronar su sapiencia esgrimiendo la ingenuidad popperianística como a todo ese edificio intelectual erigido por Karl Popper en el siglo veinte, casi inexpugnable y destruido de manera radical por uno de los discípulos rebeldes del filósofo de origen austriaco radicado en Inglaterra y convertido en británico posteriormente.

Estamos hablando nada más y nada menos que de Paul Feyerabend, un anarquista epistemológico que criticó abiertamente el “academicismo” reinante en su época, como así también, a los monstruos creados por las universidades más prestigiosas, que como dioses del Olimpo filosófico, pretenden con puño de hierro instaurar sus propios sistemas de ideas; así nuestro amigo Bunge sólo acepta las premisas, ideas o conceptos aceptados por su propia mente-eminente, de esta manera construye tras de sí un cúmulo de creencias que deben ser aceptadas como únicas e irrebatibles para los que quieran embarcarse en el estudio de las teorías científicas y desee tener algún tipo de éxito. Su negación de pensamientos opuestos a lo que él considera «el mejor pensamiento» o la «mejor forma de pensar» evidencia lo que sucede a todos por igual, tarde o temprano en la vida, la necesidad de asumir una postura divina, una megalomanía enraizada en la mismidad de su entendimiento visionario.

Mario Bunge. Fuente de la imagen: nacion.com

Pues bien, Bunge también de viejo tiene su faceta anarquista o destructivista, ya que critica a todos los filósofos existencialistas como Sartre o Heidegger, fustigándolos por su falta de rigor y su incomprensible discurso; pero no queda allí, también erige su crítica como si fuera él el águila bicéfala que todopoderosa reina desde los cielos inexpugnables de la razón, proponiendo todo aquello que no ha salido de su fastuosa mente, carente de importancia o de rigor científico.

Esta etapa intelectual de Mario Bunge es la que más se podría detestar, enfrascado en seguir a como dé lugar en lo más alto del escalafón intelectual, no duda un segundo en chocar con los representantes de la actual filosofía, a la cual denomina no sin razón en algunos casos (nobleza obliga reconocerlo) “cháchara con aires de profundidad”.

Así las cosas y tal y como lo vemos, el joven Bunge ha muerto hace mucho, es decir, la mente brillante que ha buscado intensamente glorificar la epistemología, dotándola de su rigurosidad y ahora, deambula por el mundo digital y escritural, afirmando cosas que no van con su calidad de científico, lastimosamente.

Pero una personalidad genial debe ser contradictoria de cualquier forma, así que lo que yo pueda pensar, no puede bajo ningún aspecto evitar comprender su valor como intelectual del siglo veinte que aportó al desarrollo de la epistemología con honestidad y voluntad irrefrenable.

Cien años no se cumplen todos los días…

Gabriel Ojeda

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