El Parlante

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Los impuestos – ¿Sobre quiénes recaen al final?

Los impuestos. ¿Sobre quiénes recaen al final?

Analizando el tema propuesto por el Sr. Claus Gross, en su artículo el “La falacia de que el IVA lo contribuimos todos” (Gross, 2020), y la publicación del doctor Mario R. Centurión respecto a lo que él denominó “Breve Clase De Economía Desde El Punto De Vista De La Teoría Del Capital Que Es El Corazón De Toda Economía Seria (Acerca De La Falacia De La Traslación De Impuesto Sobre El Consumidor Final)” (Centurion, 2020), y dada la interesante repercusión que ha tenido, me resultó sumamente curioso, por ello resolví analizarlo un poco más y en las siguientes líneas tengo la intensión de explicar mi punto de vista, y de ese modo quizá generar debate, pues creo yo que posturas encontradas sirven para definir posturas más claras, así es que buscaré darle un ropaje técnico al análisis a modo de comprender a las distintas posturas encontradas, tanto en los artículos mencionados y en los que han emitido sus críticas.

Ya de antemano agrego que quizá esté utilizando alguna mezcla epistemológica que podremos ir corrigiendo en caso de que esté utilizando de manera incorrecta y que pudo haber incidido en mi interpretación del caso.

Imagen créditos: Reuters

La subjetividad del valor

Considero innecesario pasar a los detalles de la teoría, pero para contextualizar el asunto va a continuación una pequeña explicación: Con la ley de utilidad marginal se ha logrado dar sustento a la teoría subjetiva del valor que afirma que un bien económico es ontológica y epistémicamente subjetivo, pues dependerá del individuo asignar valor a un bien, afirmando así que un bien económico es valorado por un individuo de acuerdo al puesto que ocupa el bien en cuestión en la escala de valores del individuo, que es una variable categórica. Esta valoración oscila de acuerdo a la urgencia del individuo y de acuerdo a las cantidades parciales que posea del dicho bien. Sin embargo no existe aún, medio exacto para trasladar tal valoración a una unidad perfectamente reconocible por el interlocutor.

Según Hülsmann, la valoración es una comparación realizada por un actor entre dos bienes, concretamente entre bienes de dos naturalezas distintas: uno actualmente en posesión del actor y uno que actualmente no está en su posesión pero que podría estarlo tras la consumación de una decisión (Mahoney, 2005).

El medio que ha sido desarrollado por el mercado es el uso de una mercancía más líquida, cuyo ratio de intercambio es el precio, pero en terminología de Georgescu-Roegen, las valoraciones no son aritmo-morfas, son más bien dialécticos (Georgescu-Roegen, 1996). Es decir no existen importes monetarios exactos para determinar las valoraciones subjetivas, por ello existen rangos monetarios dentro de los cuales el individuo está dispuesto a aceptar realizar los intercambios.

Con ello, el precio es el mecanismo desarrollado en el mercado para cuantificar en el plano objetivo expresando en cantidades monetarias las valoraciones que se gestan en el plano subjetivo del individuo, así pasa a ser un atajo mental para los que desean acceder a información respecto al bien en cuestión. El precio informará si hay escasez de un bien o si hay gran demanda por ellos, indicará incluso la situación de los bienes afines al propio bien, pues los precios relativos que se forman a cada transacción son un abanico de informaciones que alteran la información que se posee en el momento presente, recordando que los precios no transmiten una valoración exacta de los bienes transados, simplemente van formándose como referencias en torno al cual gira la expresión monetaria de la valoración de un bien. Será necesaria una variación de alta intensidad en la información para que se rompa esa “resistencia”, como algún desplazamiento de la oferta o la demanda o alguna interferencia externa en el mercado.

El precio y cálculo económico

El precio pues transmite información, como diría Mises, es la conexión entre el mundo subjetivo de los valores económicos y el mundo objetivo manifestada en la expresión monetaria. El mecanismo de los precios permite a los agentes hacer cálculos económicos en base al uso que pretendan dar a su propiedad privada y así poder decidir los medios a utilizar para lograr alcanzar los fines propuestos. En el ámbito de la empresa, es el vilipendiado lucro el indicador principal de asignación eficiente de recursos. Es esa diferencia de valoraciones entre medios y fines lo que da lugar al interés originario y permite que los intercambios sean siempre mutuamente beneficiosos.

En el marco del cálculo económico, mediante los precios de mercado, los agentes logran coordinar sus acciones. Los consumidores son los que poseen el bien más líquido antes de consumar la transacción, es decir, el bien líquido para este sujeto es un medio para obtener un fin, por el otro lado, el oferente es aquel que considera como un fin al bien líquido que no posee y los bienes que posee serán sus medios para obtenerlos (Hülsmann, 2002). Este detalle aunque parece inútil resultará sumamente importante para las explicaciones posteriores.

La escuela austriaca dedica una buena parte de su construcción teórica para el estudio del agente emprendedor como aquel cuya perspicacia le permite anticiparse en el tiempo a las posibles condiciones del mercado y así genera información “ex nihilo” y gesta el proceso de “equilibración” de los mercados o de destrucción creativa. Esa acción requiere una planificación y cálculo económico en un ambiente de información parcial y dispersa. Serán sus cálculos sobre ingresos y egresos los que le darán la información del potencial éxito o fracaso de su empresa y en base a eso realizará la inversión o no. En la teoría neoclásica de la producción, se estudia el proceso de maximización de utilidades, el productor llega al equilibrio en el punto donde maximiza la producción para el desembolso total determinado, analizando la mejor combinación de los inputs de factores que producirán con mayor eficiencia los outputs de bienes que la empresa comercializará, en base a la información que dispone, esta información en la construcción teórica neoclásica es perfecta, pero ese detalle no afectará a nuestro análisis. La firma puede desarrollarse dentro de un mercado de competencia perfecta en la que es precio aceptante, o si se desarrolla en un mercado de competencia monopolística se enfrenta a una curva de demanda tradicional, con pendiente negativa. El marco ambiental en el que se desarrollan casi todas las acciones del mercado son las de competencia monopolística, dado que el propio individuo único como es provee servicios con sus únicas características, y las empresas en competencia buscan siempre la diferenciación, tornándolos proveedores de bienes singulares, sea por medio de la marca, los precios, el envoltorio, servicios pos ventas, descuentos, garantía, etc.

Por eso explicaré cómo una empresa de competencia monopolística obtiene la cantidad óptima de producción y el precio óptimo al cual vender, en el que según la teoría neoclásica se logra maximizar los beneficios de la empresa. Para ello recurriré a la herramienta tradicional de esta escuela, los gráficos.

Se presupone que la curva de la demanda ya está dada, tiene pendiente negativa y de la tabla de demanda se obtiene la curva de ingresos marginales a saber:

Tabla 1 – Tabla de demanda (La información que por lo general no se posee con exactitud)

El ingreso total (IT) se obtiene multiplicando Precio x Cantidad y el ingreso marginal (IM) es el ingreso adicional que genera cada unidad adicional vendida. Como vemos en la tabla, vender 5 unidades solo sería posible para la empresa si ésta ofrece a un precio de 3, no obstante, esa quinta unidad vendida le proporciona ya un ingreso marginal negativo.

Por otro lado tenemos los costes, formados por los costos fijos (aquellos en los que se incurre aún sin producir o vender 0 unidades) y variables (aquellos directamente relacionados con las cantidades vendidas)

Tabla 2 – Costos (La información que por lo general las empresas manejan con exactitud)

En la tabla vemos el costo total (CT) resulta de la suma del costo fijo con los variables para cada cantidad vendida, y el costo marginal (CM) es el coste adicional que genera cada unidad adicional producida o vendida. Así tenemos su representación gráfica

En el Eje Y van los importes y en el eje X las cantidades

En el eje X se exponen las cantidades y en el eje Y tenemos los importes. La cantidad óptima a producir y vender para esta firma se ubicará en el punto donde la curva de costo marginal (CM) se cruza (atraviesa de abajo hacia arriba) con la curva de ingreso marginal (IM), en este caso, aproximadamente 3,7, debiendo ofrecer a un precio de 4,2 si desea vender esa cantidad (Salvatore, 1998).

Ahora que la mecánica neoclásica ya la tenemos clara, simplificaré el gráfico y pasemos a verificar qué ocurre cuando se aplica un impuesto de cualquier tipo, exceptuando los aranceles que tienen otra explicación que no vienen al caso, ya que estamos analizando el IVA. Un impuesto necesariamente eleva el costo marginal de la empresa, por lo tanto tendremos este movimiento que vemos en el siguiente cuadro:

Gráfico 2 – Esta es la versión simplificada del gráfico 1. El punto donde la curva de costo marginal atraviesa de abajo para arriba a la curva de ingreso marginal nos indica la cantidad óptima de producción.

Gráfico 3 – Si se aplica un nuevo impuesto, la curva de costo marginal se verá afectada elevándose a Costo Marginal’.

Lo cual indicaría que si la empresa mantiene sus precios en P, seguiría vendiendo Q, pero la diferencia entre Q’ y Q estarían siendo vendidos sin obtener ganancias. Lo cual confirma la postura expuesta por el Sr. Gross, dado que es un sacrificio de las utilidades del empresario lo que cubre el impuesto. En el caso de intentar repasar ese impuesto al precio, éste se elevará a P’, haciendo con que la cantidad demanda disminuya a Q’, manteniéndose así la maximización de beneficios de la empresa, esta es la postura que algunos críticos del artículo del Sr. Gross habían expuesto.

Al final, ¿sobre quiénes recae el pago de los impuestos?

Siguiendo con el abordaje neoclásico observemos los efectos que genera un impuesto en un mercado equilibrado

Gráfico 4 – El impuesto es una distorsión de mercado, es un coste adicional que pesa sobre los agentes y se manifiesta en la disminución de la cantidad transada de Q a Q’. Donde P es el precio de mercado, Po es el precio que recibirá el oferente y Pd es el precio que pagará el consumidor.

La diferencia entre P y Po corresponden a la parte de las ganancias de los oferentes que van a parar a las arcas estatales y la diferencia entre P y Pd corresponde a la parte del excedente del consumidor que necesariamente va a parar a manos del Estado.

Uno de los detalles más interesantes respecto al impuesto es que es una imposición de un agente extremamente grande a los demás agentes del mercado. El gobierno normalmente aumenta los impuestos para aumentar sus ingresos que usan para “distribuir la riqueza” y “aumentar el bienestar social”. Es solo una cuestión retórica el hecho de que el gobierno otorgue distintos nombres a sus impuestos, como a las ventas, a la renta, al consumo o al valor agregado. Es solo una declaración de intenciones como parte de la dialéctica política, pues el mercado simplemente se adaptará a la nueva situación, por tanto el gobierno no sabe ni puede saber quién realmente pagará los impuestos, es más, no le interesa, lo único que importa es que se logre recaudar para pagar el presupuesto creciente del gobierno.

Desde la perspectiva estrictamente económica, el impuesto lo que ocasiona es la pérdida de eficiencia del mercado que corresponden a las zonas C y E del gráfico 4. Los impuestos alteran los precios del mercado y cada céntimo pagado ahora, una parte corresponderá al estado, es decir, una parte del excedente del consumidor y otra parte del excedente del productor han sido apropiadas por el Estado.

Y aquí nos encontramos con la disyuntiva generada en las discusiones del artículo del Sr. Gross, el Sr. Gross y el Sr. Centurión afirmando que quien paga el impuesto es el empresario u oferente ya que si el impuesto es del 10% y el precio con IVA es de 110, en caso de que el gobierno decida eliminar tal impuesto, nada impediría de mantener el precio a 110 ya que es el precio de referencia que se ha establecido en el mercado y el consumidor lo adquiere a ese precio pues aún obtiene satisfacción de algún modo. Por tanto lo que hacía el impuesto era extraer una parte de los beneficios del empresario o contribuyente que iban a las arcas estatales.

La otra voz explicaba que en efecto lo que los empresarios hacen es transferir la carga impositiva al cliente, por lo que todos en el país podrían autodenominarse contribuyentes porque a cada compra se supone que está pagando por el bien y por los impuestos embutidos en los precios gravados.

Ambas posturas parecen lógicas y me temo que seré un “simple apologista de lo que ya es” al afirmar cuanto sigue: Ambas posturas tienen razón, pues se está analizando desde un enfoque microeconómico, por tanto algunos observan que si el gobierno aplicará 10% en X bien, ahora el precio de dicho bien aumenta automáticamente y dependerá de la subjetividad del valor de cada individuo la reacción, dada la importancia que ocupan en sus escalas de necesidades ese bien, simplemente se renuncian a otros bienes y se mantiene el nivel de consumo en los bienes más importantes, sin embargo otros perciben que aunque quieran cargar al precio del bien, observan una disminución en sus ventas, o si no pueden cargar directamente, deberán salir del mercado pues sus beneficios ahora son inferiores a los estipulados, previo a la inversión, lo cual disminuye la cantidad ofrecida en el mercado. Es decir, determinar quién paga el impuesto desde una perspectiva microeconómica exigiría un análisis individual de cada mercado y de cada empresa, lo cual resulta imposible y a esta altura innecesaria, pues los impuestos son parte de las cuentas nacionales, lo cual nos conduce a un análisis macreconómico de la cuestión.

Pero antes, es necesario recordar el concepto de la elasticidad precio tanto de la oferta como de la demanda. La elasticidad precio es una herramienta que los economistas usan para explicar la sensibilidad de la cantidad demandada o de la ofertada en relación a una variación del precio. En un gráfico, una demanda inelástica tiene una pendiente negativa extremamente inclinada y significa que la cantidad demandada varía muy poco ante una variación del precio, por otro lado una oferta inelástica se representa por una pendiente positiva extremamente inclinada que significa que la oferta no varía mucho ante una variación del precio.

Gráfico 5 – Aquí tenemos una demanda inelástica y una oferta elástica, y podemos observar que la mayor parte del impuesto (P – Pd) es absorbida por la Demanda.

Gráfico 6 – Aquí tenemos una oferta inelástica y una demanda elástica y observamos que en este caso el peso del impuesto (P – Po) recae en la oferta.

Ahora bien, lo que me gustaría recalcar en este punto es que hasta ahora he utilizado la metodología neoclásica para todas las explicaciones hasta aquí mencionadas, sin embargo considero que una aproximación más realista o al menos más “orgánica” es necesaria y para ello recurro a la aproximación austriaca.

En la primera parte de este ya extendido artículo he mencionado que el papel de consumidor (demanda) asume aquel que posee el bien más líquido (líquido) antes de la transacción, este bien es para él un medio para un fin, sin embargo ese mismo medio puede utilizar para una cantidad enorme de fines, lo cual significa que en gran medida la demanda tenderá a ser elástica en la mayoría de los bienes. Por otro lado, la oferta carece de tal flexibilidad pues el dinero o el bien más líquido es su fin no su medio y los medios que utiliza para lograr sus fines están dados en la forma de inversiones de capital fijo y capital operativo, es decir, si una empresa ha instalado una capacidad de producción de Q, con los impuestos se verá obligado a producir Q’(reducir su producción para mantener sus niveles óptimos de venta), lo que significa que gran parte de su instalación deberá ser readaptada o quedará ociosa que implican costes económicos. Esa dificultad a corto plazo para adaptarse o ajustarse a la distorsión generada es lo que hace que la oferta presente en la mayoría de los casos una curva inelástica.

Con ello, el peso mayor de cualquier impuesto será siempre absorbido por la oferta, no siempre, ni en todos los casos, pero recordando que al hablar de impuestos estamos entrando en cuentas nacionales, y ya entonces hablamos de “agregados”, es por eso que llego a la conclusión de que la mayor parte será efectivamente absorbida por los empresarios y otra parte menor por los consumidores y se traduce en mayor ineficiencia, disminución de la producción y aumento de los precios en el mercado. Por lo tanto, es solamente retórica la alusión que hacen los políticos en decir que la mayor parte del presupuesto general de gastos de la nación es cubierta con impuestos indirectos que paga el consumidor final y que por ello hay que cobrar “otros impuestos”. El consumidor paga una parte, pero el grueso del impuesto necesariamente recae en la oferta como han mencionado los Sres. Gross y Centurión. El estado puede usar el nombre que quiera a sus impuestos, pero siempre tendrá la misma influencia distorsiva en el mercado.

Lo que diferencia al IVA de los demás impuestos es que en muchos aspectos es mucho peor que un impuesto sobre las ventas o las rentas, aparte de su naturaleza oculta y clandestina. Los defensores del IVA afirman que dado que cada empresa y etapa de producción pagará en proporción a su «valor agregado» a la producción, no habrá efectos de mala asignación en el camino, esto ya hemos visto que no es así, además de los costes de libros contables y del propio proceso de pago de impuestos que tienden a la fusión vertical de empresas para ahorrarse dichos costes. Un impuesto como el IVA afecta de manera distinta a la estructura de costes de empresas más lejanas al consumo, quienes tienen una oferta más inelástica incluso totalmente inelástica dependiendo de cuán lejos nos encontremos de la frontera de posibilidades de la producción, en comparación con empresas más cercanas al consumo (retailers).

Además, otro efecto dialéctico del IVA es que mientras que los consumidores, los empresarios y los sindicatos se culpan mutuamente por la inflación como los gatos de Kilkenny, el gobierno de papá Estado puede preservar su elevada pureza moral y unirse para denunciar a todos estos grupos por «causar inflación» (Rothbard, 1972) y a su vez acusar la inequidad del sistema tributario y justificar mayores impuestos.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Centurion, M. R. (11 de Mayo de 2020). facebook.com. Recuperado el 24 de Agosto de 2020, de https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=2553873681589717&id=100009013302401

Georgescu-Roegen, N. (1996). La Ley de la Entropia y los Procesos Cconómicos. Madrid: Visor.

Gross, C. (21 de Junio de 2020). www.abc.com.py. Recuperado el 14 de Agosto de 2020, de https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/economico/2020/06/21/la-falacia-de-que-el-iva-lo-contribuimos-todos/

Hülsmann, J. G. (2002). A theory of interest. The quarterly journal of austrian economics (V5) (N4), 77-110.

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Rothbard, M. (1972). The Value Added Tax Is Not the Answer. Human Events, 197.

Salvatore, D. (1998). Microeconomía. Bogotá: McGraw Hill.

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