El Parlante

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Nerón y el Incendio de Roma
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Nerón Redivivo: el Misterio del Emperador

«Un poderoso Rey, como esclavo fugitivo… habrá huido sobre las corrientes del Eufrates sin ser visto y sin ser conocido… Quien alguna vez se atrevió a ser culpable de matricidio… Y muchas otras cosas por la confianza que en sus perversas manos ha tenido… Por el trono mucha sangre sobre el suelo de Roma ha derramado mientras en la tierra de Partia ha escapado… Y desde Siria volverá este romano prominente, quien incendió el Templo de Solyma y a muchos judíos masacró y dio muerte…». [Oráculo Sibilino IV, 155-164].

«¡Ey! ¡Matricidas! (¡Infanticidas!) ¡Dejen su impudicia y su temeraria maldad! Ustedes que de viejos se hicieron yunta de manera ilegal con muchachos y de las doncellas antes puras hicieron rameras de burdeles por asalto, castigo y esforzada indecencia… Ahora, un inédito e impío Rey, con grandes multitudes y hombres reconocidos, llegó al poder e impuso sus costumbres… Pero desde el Cielo vino un Hombre, con el cetro en la mano, dado por Dios mismo, hizo todas las cosas bien y restauró todo lo que es bueno». [Oráculo Sibilino V, 518-559].

Estas famosas «Sibilinas» junto a otros tantos relatos han sido la fuente principal de la llamada «Leyenda de Nerón Redivivo», que consistía en que el citado y celebérrimo Emperador de Roma se había refugiado en Partia y que volvería para recuperar, con sangre y fuego, su trono perdido luego de las revoluciones que pusieron fin a su famoso reinado en la Ciudad Eterna.

También estas «Sibilinas» fueron usadas ampliamente por los cristianos, más concretamente por los Padres de la Iglesia Católica quienes, desde la patrística, interpretaron el «Apocalipsis de San Juan» y señalaron a Nerón como el «Anticristo», no solo por sus crímenes contra los romanos sino también contra los judíos y especialmente cristianos. De hecho, recuérdese lo que escribió la límpida y elegante pluma del historiador y senador romano Tácito:

«En consecuencia, para deshacerse de los rumores, Nerón culpó e infligió las torturas más exquisitas a una clase odiada por sus abominaciones, quienes eran llamados Chrestianos (Cristianos) por el populacho. Christus (Cristo), de quien el nombre tuvo su origen, sufrió la pena máxima durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato, y la superstición muy maliciosa, de este modo sofocada por el momento, de nuevo estalló no solamente en Judea, la primera fuente del mal, sino incluso en Roma, donde todas las cosas espantosas y vergonzosas de todas partes del mundo confluyen y se popularizan. En consecuencia, el arresto se hizo en primer lugar a quienes se declararon culpables; a continuación, por su información, una inmensa multitud fue condenada, no tanto por el delito de incendiar de la ciudad como por su odio contra la humanidad». [Tácito: «Anales», libro XV, 44].

Cabe señalar que para los romanos de entonces, el «cristianismo» no era sino una superstición judía más, aunque claramente distinguible. Por esa razón, las «Sibilinas» hablan del sufrimiento y masacres que el Emperador Nerón cometió contra los judíos, no solo en Roma (el martirio de miles de cristianos que allí vivían, entre ellos San Pedro el Príncipe de los Apóstoles y Primer Obispo de Roma y San Pablo, el Apóstol de los Gentiles) sino también en la Primera Guerra Judía (66 – 73 AD) iniciada por el mismo Emperador, aunque concluida en tiempos de uno de sus sucesores, Vespasiano y que tuvo como más célebre consecuencia la destrucción, por siempre y para siempre, del Templo de Salomón en Jerusalén luego de una heroica resistencia a ultranza y hasta la muerte, en la que se destacaron los guerreros de la Massadah quienes, a pesar de su gloriosa lucha, fueron aplastados por las fulminantes Legiones de Roma dirigidas por otro futuro Emperador, Tito, cuya victoria sobre los guerreros judíos fue conmemorada en el famoso «Arco del Triunfo» que lleva su nombre.

Lucio Domicio Ahenobarbo, quien durante su reinado adoptó el nombre de Nerón Claudio César Augusto Germánico (15 Diciembre 37 AD – 9 Junio 68 AD) fue Emperador de Roma en 54 – 68 AD y su gobierno es usualmente asociado con la tiranía, la depravación, los abusos y la barbarie.

Sin embargo, a pesar de todos los epítetos, Nerón no fue un hombre vulgar. Todo lo contrario, tenía talento para las artes, era un destacado intérprete de la cítara y la lira (arpa romana), aunque como cantante, lastimosamente, no le ayudaba su voz chillona. Su maestro fue el filósofo estoico Séneca, de origen hispano, quien le enseñó a componer poesía y logró que fuera un excelente orador, al punto tal, que según varias fuentes y leyendas, su hermosa e intrigante esposa Popea Sabina le convenció de que podía ser un actor de teatro. De hecho, Nerón y Popea hicieron popular el «teatro extravaganza» en el Imperio Romano, ganándose ambos la admiración de griegos y egipcios, principalmente. Además, promovió el atletismo (pues era un admirador de la fortaleza física) y él mismo se hizo auriga, participando de las carreras de caballos, obteniendo no pocas victorias (según sus adversarios, utilizando su influencia como Emperador para que le dejen ganar).

Nerón tampoco fue vulgar como comandante militar pues contó, mientras estuvo cuerdo, con el apoyo de brillantes generales como Córbulo quien logró detener el avance de los peligrosos jinetes del Imperio Parto en Armenia, logrando incluso algunas conquistas territoriales, además de aplastar, con ayuda de Paulino Suetonio, las rebeliones en Britania iniciadas por Boudica y haber iniciado, como ya dijimos, la Guerra Judaica de la que Roma emergería como victoriosa tiempo después.

«Ahenobarbus» soñó con reconstruir la Ciudad de Roma, a la que consideraba apestosa y fétida por sus emanaciones cloacales. Fue por este motivo que, según la mayoría de sus contemporáneos, ordenó su incendio y utilizó a los cristianos como chivo expiatorio, ya que estos eran odiados por gran parte del pueblo como señala el ya citado Tácito. Sin embargo, aparentemente la idea de incendiar la ciudad y culpar a los cristianos no surgió del mismo Nerón, sino de su esposa, la dos veces divorciada Popea Sabina. El célebre Emperador de Roma, según se dice, al ver arder la villa de Rómulo y Remo, con sincero llanto desgañitado, tomó su lira y cantó una Oda a Roma (que se ha perdido) pero de la que se recuerda una frase:

«El pueblo de Roma clama a la Diosa Venganza, y la Venganza pide una víctima».

Sea cual fuere el verdadero motivo y los verdaderos autores intelectuales del Incendio de Roma, todos los historiadores, antiguos y modernos, coinciden en que Nerón perdió completamente la razón a partir de este momento. Antes era un gobernante extravagante, a veces severo, pero dentro de todo relativamente competente, con algunos crímenes que lo persiguieron hasta su fin, como haber ordenado el asesinato de su propia madre Agripina. Pero desde el año 64 hasta su muerte en el 68, cayó en un abismo insondable de delirio, depravación y tiranía sin parangón.

Nerón y el Incendio de Roma
El incendio de Roma de fondo, con un mármol atribuido al Emperador Nerón, conocido por su nombre artístico de Ahenobarbus. [Imagen: Autor Desconocido].

A finales del año 65, luego de una actuación teatral de Nerón (según otros, luego de una carrera de caballos) en la que el Emperador no estuvo particularmente espléndido, este se desquitó asesinando a su esposa Popea Sabina, quien en ese momento estaba embarazada. Fue un evento de locura trágica, pues Nerón amaba a su manera a Popea y esta también, a su manera, lo correspondía. Además, el probable heredero de la dinastía Julio-Claudia murió en el vientre de su madre, quedando Ahenobarbus sin descendencia. En el año 67, luego de hacer innumerables confiscaciones y asesinar a varios aristócratas romanos, ordenó el «suicidio honorable» de su mejor general, Córbulo, quien cumpliendo con el deber de todo comandante romano, ejecutó la orden a rajatablas y presentándose a su monarca, desenvainó su espada y se la ensartó a sí mismo gritando «Axios, Imperator» (soy digno, Emperador) aunque, según los adversarios de Nerón, este le habría contestado mostrándole un pulgar hacia abajo, lo que hizo que Córbulo muera con lágrimas en los ojos.

Descendiendo hasta los límites más profundos del delirio, Nerón soñaba atormentado por el asesinato de Popea hasta que un día, llegando a la sodomía más bárbara, conoció a un actor de teatro llamado Esporo de Grecia, quien según el historiador Casio Dion tenía un parecido extraordinario, aunque masculino, con Popea Sabina. Entonces, Nerón ordena que Esporo sea castrado para «convertirlo en mujer» (aquí podríamos decir que la llamada «ideología de género» y el transgenerismo es otro macabro invento de Nerón) y luego contraen matrimonio, siendo Esporo de Grecia renombrado «Neronia Popea Claudia» y proclamándose a los cuatro vientos que el joven actor Esporo se había convertido en mujer, por la autoridad del Emperador de Roma. Por si esto fuera poco, tuvo Nerón a otro amante, el esclavo Pythagoras, quien según los adversarios del loco artista romano, era un fornido negro mestizo proveniente del África.

Ciertamente podríamos decir, como ya señalamos, que con esos actos, Nerón es uno de los padres de lo que hoy se conoce como «transgenerismo» o «ideología de género». Y eso que en la antigüedad no faltaba, para nada, la depravación y barbarie sexual, pero nunca nada similar viniendo de un Emperador y Soberano Monarca.

El fin de Nerón llegó en el año 68: los excesos cometidos se hicieron insoportables y estallaron rebeliones dirigidas por Vindex y Galba en Galia e Hispania respectivamente. El Senado de Roma se reunió de urgencia para solicitar al Emperador planes con los cuales aplastar las rebeliones, pues a pesar de todo, Nerón era el legítimo gobernante. Sin embargo, en una actuación encomiable, aunque desde luego delirante, Ahenobarbus (Nerón utilizaba ese nombre cuando estaba en rol de actor) disfrazado de negro para representar una tragedia, respondió a los senadores diciendo que detendría las rebeliones con un ejército de eunucos, artistas, prostitutas y travestidos quienes harían delante de los soldados rebeldes un «espectacular teatro extravaganza» y en el acto final, el Emperador aparecería con lágrimas en los ojos, mostrándoles con la más grandiosa interpretación de la historia del arte lo herido que se encontraba su corazón por la traición que estaban cometiendo, lo triste y adolorido que se sentía porque no comprendían sus cualidades de genio artista y que, si no podía parar la revolución con esa performance, al menos conseguiría que lo envíen como Gobernador de Egipto tras ser derrocado.

Desde luego, ni siquiera los aterrorizados senadores tomaron esto en serio y fue el fin: declararon a Nerón loco y enemigo del estado, ordenando a cualquier ciudadano del Imperio que lo entregue a las autoridades para que sea juzgado. Pero, cosa curiosa, el pueblo de Roma no sentía odio ni rencor hacia el Ahenobarbus (si se exceptúa a los cristianos, judíos y aristócratas romanos). Lo consideraban como un excéntrico, a lo sumo un lunático, un «loco lindo» aunque terrible, que en muchas ocasiones incluso les hizo felices construyendo hermosos edificios en Roma y llenando de arte y deportes al Imperio.

«Qualis Artifex Pereo» gritaba Nerón mientras cruzaba el río Tíber, según algunos para arrojarse al mar, según otros para escapar rumbo a Partia. ¡Qué gran artista perece! seguía entonando mientras tocaba la lira, ordenando a su amante Pythagoras que se suicide para «dar el ejemplo». Asi cumplió el africano, y con lágrimas en los ojos Nerón se posó sobre él, gritando «cuánto dolor causa el arte al artista».

Ahenobarbus ya había decidido morir, pidiendo a su sirviente Epafrodito una espada, que este le pasó dudando un largo tiempo. Nerón de nuevo inmortalizó el momento: «Ah, no tengo amigos ni enemigos, que desgraciado soy, un gran artista desconocido». Finalmente, su esposo el «transgénero» Esporo Popea consumió veneno y antes de morir, viendo que Nerón dudaba en ensartarse la espada en el cuello, lo apuñaló él mismo y en ese instante exclamó Ahenobarbus: «tragedia, esto es la fidelidad», expirando ambos macabros amantes pocos minutos después.

En la plebe romana, especialmente tras el caos generado por el gobierno de los «Cuatro Emperadores», empezó a correr el rumor de que el «gran artista» Ahenobarbus no había muerto sino que «estaba de fiesta» (o de parranda) en el Imperio Parto y que algún día volvería con un gran ejército a ajusticiar a los rebeldes y restaurar en la Ciudad Eterna su reinado del terror, el arte y el deporte. «Nerón Redivivo» habitaba en los corazones romanos como un azote y una leyenda, como todo lo bueno y todo lo malo del Imperio fundidos en una sola persona, extravagante como sus obras de teatro, espantosa como su matricidio de Agripina, despreciable como el asesinato de Popea e infanticidio de su heredero, trágica como su orden de suicidio honorable a su mejor general, gloriosa como sus victorias militares sobre británicos, partos y judíos, vigorosa como su promoción del arte y el deporte, tétrica por su sodomítico y desquiciado amorío con el castrado transexual Esporo junto a sus demás depravaciones, funesta por su persecución a los primeros cristianos…

No en vano el Apocalipsis de San Juan Apóstol, según la interpretación de muchos antiguos Padres de la Iglesia Católica como San Jerónimo o el mismo San Agustín de Hipona (coincidiendo con las citadas Sibilinas), señala que el número de la bestia, 666, representa en realidad al mismo Nerón por un conjunto de sumatorias numerológicas y simbologías antiguas, bastante conocidas para la época entre judíos y cristianos. Se difiere, en general, respecto a cómo será el «fin de los tiempos», pues los cristianos hablan de la segunda venida de Jesucristo, pero esto coincidiría también con el regreso de «Nerón Redivivo», símbolo del anticristo, hombre seductor, encantador, artista talentoso y depravado con inmenso y tiránico poder de Emperador.

«Nadie duda que el Apóstol San Pablo (en su carta a los Tesalonicenses) se refería al anticristo y el Día del Juicio… Algunos piensan que el Apóstol Pablo se refería al Imperio Romano pero que evitaba utilizar lenguaje más explícito para no caer en el calumnioso cargo de desear el mal al Imperio que se esperaba fuera eterno. Cuando decía «el misterio de la iniquidad ya se ha realizado», aludía a Nerón, cuyas obras ya eran vistas como las obras del anticristo. He allí que algunos suponen que este volverá a levantarse y ser el anticristo. Algunos incluso suponen que no ha muerto sino que se ha escondido para que pudiera suponerse que ha sido asesinado y que ahora vive oculto en el vigor de la misma edad en la que se supone que ha perecido y vivirá hasta que sea revelado a su propio tiempo y restaurado en su reino. Pero supongo que los hombres pueden ser muy temerarios en sus conjeturas… Pues ellos suponen que es al mismo misterio al que el Apóstol Juan alude en sus epístolas cuando dice que en los últimos días «se escuchará que el Anticristo vendrá y que incluso entonces muchos anticristos habrían y allí se sabrá que los días finales llegaron»… Por ende, se entiende que de la Iglesia habrán salido muchos herejes a quienes el Apóstol Juan llama «muchos anticristos» en el momento previo al final como lo llama Juan, y que saldrán entonces los que no pertenecen a la Iglesia sino al «Último Anticristo», quien entonces será revelado». [Agustín de Hipona, «Ciudad de Dios», Libro XX, Cap. 19, 438].

San Agustín de Hipona, uno de los Padres de la Iglesia Católica, recogía estas versiones incluso en el 425 A.D. en su famosa obra «Ciudad de Dios». Habían pasado casi 350 años de la muerte de «Ahenobarbus», pero todavía se creía en la cristiandad e incluso en el resto del mundo que «Nerón Redivivo» volvería a la vida y que sus obras fueron las del anticristo.

¿Es Nerón la imagen y semejanza de lo que se denomina «el anticristo» según la literatura cristiana? Artista talentoso, promotor del deporte y la «extravaganza» cultural, amado por muchos en el pueblo gracias a sus encantos artísticos, tiránico genocida, asesino de su propia madre y esposa, infanticida que dio muerte a su heredero en el vientre materno, conquistador militar que se deleitaba con la más refinada y tétrica depravación sexual y que incluso podría ser considerado el «precursor» de la ideología de género por su matrimonio con el eunuco Esporo quien fue «convertido» por decreto imperial en «mujer» transgénero… Sin duda alguna posee todos los «condimentos» para ser la perfecta descripción de lo que los cristianos llaman «el Anticristo».

¿Volverá «Nerón Redivivo» desde más allá de la muerte para fascinar al mundo con su arte degenerado y atormentarlo con sus apoteósicas locuras?

Solo el tiempo lo dirá, pero ciertamente, el mundo de hoy parece muy infatuado con su figura, si nos fijamos en su misteriosa y fascinante iniquidad y nos ponemos a comparar…

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